domingo, marzo 18, 2007

sábado, marzo 17, 2007

diana cazadora

(Fotografía de Juan Peiró)

xv.

Sobra decir que esa mañana no escribí una sola línea. ¿Cómo iba a ocuparme de los amores de Hernán Cortés y la Malinche cuando los míos se complicaban tan misteriosamente? ¿Qué se dieron, qué pudieron darse un rudo soldado extremeño y una princesa cautiva, y tabasqueña por añadidura? ¿Algo más que la alianza política mediante el sexo? ¿Algo más que la unión, verbal y carnal, de las lenguas? En cambio, Diana se fue a filmar un western ridículo a la Sierra Madre y yo me quedé cavilando sobre el placer que por lo visto yo no le había dado a ella, tomándolo sólo para mí.
Por un momento, casi me convencí de que yo era como todos los hombres, sobre todo los latinoamericanos, que buscan su satisfacción inmediata y les importa un puro carajo la de la mujer. Fui mi mejor abogado; me convencí en seguida de que éste no era mi caso, yo le había prodigado calor y atención a Diana Soren, mi paciencia no estaba en duda, mi pasión tampoco. Ella era tan voraz como yo deseoso de complacerla. Si el placer masculino al que ella se refirió esa mañana era el simple, directo de montarla y venirme, jamás lo hice sin todos los preámbulos, el foreplay, que la urbanidad sexual indica para satisfacer a la mujer y llevarla a un punto anterior a la culminación que conduzca, con suerte, al orgasmo compartido, el coito emocionante, hecho por partes idénticas de carne y de espíritu: venirse juntos, viajar al cielo… ¿Fallé en otro capítulo? Los revisé todos. Le pedí felación cuando intuí que ella quería mamar verga, agarrarla de la nuca y acercarla a mi pene levantado como a una esclava dócil era el placer que queríamos los dos. Pero también entendí cuando lo que quería ella era el cunnnilingue lento y asombrado con el que mi lengua iba descubriendo el sexo invisible de Diana, avergonzándome de la obstrusión brutal de mi propia forma masculina, güevona, evidente como una manguera abandonada en un jardín de pasto rubio; en ella, en Diana, el sexo era un lujo escondido, detrás del vello, entre los repliegues que mi lengua exploraba hasta llegar al pálpito mínimo, nervioso, azogado y azorado, de su clítoris de mercurio puro. Los sesenta y nueves no faltaron, y ella poseía la infinita sabiduría de las verdaderas amantes que conocen la raíz del sexo del hombre, el nudo de nervios entre las piernas, a distancia igual entre los testículos y el ano, donde se dan cita todos los temblores viriles cuando una mano de mujer nos acaricia allí, amenazando, prometiendo, insinuando uno de los dos caminos, el heterosexual de los testículos o el homosexual del culo. Esa mano nos mantiene en vilo entre nuestras inclinaciones abiertas o secretas, nuestras potencialidades amatorias con el sexo opuesto o con el mismo sexo. Una amante verdadera sabe darnos los dos placeres y darlos, además, como promesa, es decir, con la máxima intensidad de lo solamente deseado, de lo incumplido. El amor total siempre es andrógino.
¿Ella misma quería que yo la sodomizara? Lo hice de las dos maneras, poniéndola de cuatro patas para entrar por su vagina desde atrás, o lubricando su ano para entrar, desgarrándolo, al capullo de su mayor intimidad. Untos se los di, la regué con champaña una noche, rociándonos los dos entre carcajadas; de su espléndido aroma vaginal de frutas maduras ya hablé; le rocié mi loción masculina en las axilas y entre las piernas; ella me escondió su propio perfume detrás de mi oreja, para que durara siempre allí, dijo; yo mismo la engalané como a una Venus doméstica con la espuma de mi tarro de afeitar (Noxzema) y una tarde de domingo aburrida le afeité los sobacos y el pubis, guardándolo todo en otro tarro abandonado de mermelada, hasta que floreciera o se corrompiera atrozmente, qué se yo…
Acabé riéndome con ganas de todas estas pendejadas, recordando para acabar (lo creí en ese momento) la maravillosa frase del moribundo y cachondo millonario Volpone en la comedia de Ben Jonson:
-A mí me gustan las mujeres y los hombres, del sexo que sean…
¿Era eso lo que nos faltaba: compartir el sexo con otros, era ése el placer al que se refería Diana? ¿Qué quería? ¿Un ménaje à trois? ¿Con quién? ¿Con el stunt man que yo le serví para neutralizar? Entonces, ¿para qué meterlo en una triada? Ella acabaría sola con él; de esa vuelta de tuerca yo no me privaría: la dejaría sola con el hombre que yo serví para alejar, sola con él y sin el ménaje à trois… La partouze, la orgía francesa, tampoco me parecía muy interesante o factible con un viejo actor, una peinadora que mascaba chicle, una austera dama de compañía española, un director chaparro, obeso y barbudo y un cameraman que proclamaba su adhesión al culto de Onán como placer salvador y seguro de las prolongadas locaciones cinematográficas…
¿Con animales?
¿Fetichismo?
El espejo. Quizás no habíamos jugado bastante con los espejos.
No pude desarrollar esta fantasía, porque al mirar al espejo que cubría una de las puertas del closet, miré reflejada la mirada del Vaquero Metafísico, Clint Eastwood, y caí en la cuenta. Ya sabía lo que deseaba Diana.
Desnudos en la cama, esa noche la sentí fría y le pregunté si tenía ganas de hacer el amor.
-¿Por qué mejor no me preguntas si me gusta hacer el amor contigo? –dijo haciéndose un ovillo entre las sábanas.
-Está bien. Te lo pregunto.
-¿Qué?
-¿Te gusta hacer el amor conmigo?
-Tonto –me dijo con su sonrisa más fulgurante, más hoyuelesca.
-A mí me gustaría hacerte el amor en nombre de todos los hombres que te han hecho el amor –le dije acercándome bruscamente a su oído.
-No digas eso –ella tembló un poco.
La tomé de la cintura
-No sé si debo decírtelo.
-Somos libres. No nos guardamos nada tú y yo.
-Hay algo que me gusta de ti. Pretendes que estamos solos cuando cogemos.
-¿No lo estamos?
-No. Cuando nos acostamos yo veo pasar por tu piel a una multitud de hombres, desde tu primer novio hasta tus amantes ausentes pero vigentes…
Miré de reojo la foto de la estrella de Por un puñado de dólares y sentí un escalofrío.
-Sigue, sigue…
Ya no sabía lo que estaba haciendo con mis manos. Sólo conocía mis palabras.
-¿Puede haber sexo sólo entre dos?
-No, no…
-¿Te gusta saber que pienso en todos los hombres que te han gozado antes cuando yo mismo te cojo?
-¿Te atreves a decírmelo?
-¿No lo sabes tú, Diana? ¿No te gusta también?
-No me digas eso, por favor.
-¿No te desilusiono si te digo esto?
-No –casi gritó-. No, me gusta…
-¿Pensar que conmigo se acuestan contigo todos los hombres que te han cogido en tu vida?
-Me gusta, me gusta…
-Creí que no te iba a gustar…
-No digas nada. Siente cómo estoy sintiendo…
-¿Por qué no nos atrevemos a sentir este placer si tanto nos gusta?
-¿Cuál placer? ¿Qué dices?
-Este placer. El que te doy pensando que soy otro, el que tú sientes imaginando que yo también soy otro, admítelo…
-Sí, me gusta, me vuelve loca, no pares…
-Quisiera que todos ellos estuvieran aquí, viéndonos coger a ti y a mí…
-Sí, yo también, no te detengas, sigue…
-No te vengas todavía…
-Es que me estás dando muchas vergas hoy…
-Aguántate, Diana, nos están mirando, todos, desde ese espejo nos miran y nos envidian…
-Dime que a ti también te gusta que ellos nos miren…
-Me gusta que pretendas que lo hacemos solos. Me gusta saber que te gusta…
-Me gusta me gusta me gusta…
Cuando terminamos, ella se volteó hacia mí, entrecerró los ojos grises (¿azules?) como una bruma olvidada y me dijo:
-Que poca imaginación tienes.

Carlos Fuentes / Diana o la cazadora solitaria

viernes, marzo 16, 2007

martes, marzo 13, 2007

utopías para caminar

(Fotografía de Juan Peiró)

Cuenta Eduardo Galeano que estaba con un amigo suyo, Fernando Birri, cineasta latinoamericano, que estaban junto con estudiantes, en Cartagena de Indias, en Colombia, y que un estudiante le preguntó a Fernando que para qué servía la utopía. Y Fernando Birri después de tomarse unos segundos en silencio, comentó: “¿para qué sirve la utopía?, esta es una pregunta que yo me hago todos los días, yo también me pregunto para qué sirve la utopía. Y suelo pensar que la utopía está en el horizonte y entonces si yo ando diez pasos la utopía se aleja diez pasos, y si yo ando veinte pasos la utopía se coloca veinte pasos más allá; por mucho que yo camine nunca, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso, para caminar.


lunes, marzo 12, 2007

datos que andan por ahí





Leo en el blog tierra de genistas un artículo sobre el uso del móvil y sus consecuencias y me lo traigo para acá. Considero que es importante tenerlo en cuenta y ser más consciente de lo que nos llevamos entre manos cada vez que hacemos uso de este aparatito, en apariencia tan inocente.

sábado, marzo 10, 2007

masa abierta y masa cerrada

Montaje fotográfico realizado por Gonçalo Afonso Dias


Un fenómeno tan enigmático como universal es el de la masa que surge de repente allí donde antes no había nada. Puede que ya se hubieran reunido unas cuantas personas, cinco, diez o doce, no más. Nada se había anunciado, nada se esperaba. Y de pronto todo se llena de gente. Por todos lados afluyen más, es como si las calles tuvieran una sola dirección. Muchos no saben qué ha ocurrido, no tienen nada que responder a ninguna pregunta, pero sí prisa por llegar allí donde está la mayoría. En sus movimientos hay una determinación que se diferencia muy bien del modo como se manifiesta una curiosidad habitual. Se diría que el movimiento de unos contagia a los otros, pero no es solamente eso, hay algo más: tienen una meta, y esa meta está ahí antes de que hayan encontrado palabras para designarla: es la zona de mayor densidad, el lugar donde se ha congregado la mayoría de la gente.
Varias cosas habrá que decir sobre esta forma extrema de la masa espontánea. Allí donde se origina, en su núcleo propiamente dicho, no es tan espontánea como parece. Pero si prescindimos de las cinco, diez o doce personas a partir de las cuales se originó, el resto sí que lo es. En cuanto empieza a existir, desea incrementar su número. La compulsión a crecer es la primera y suprema característica de la masa. Esta aspira a incorporar a todo el que se ponga a su alcance. Quienquiera que tenga forma humana podrá formar parte de ella. La masa natural es la masa abierta: su crecimiento no tiene límites prefijados. No reconoce casas, puertas ni cerraduras; quienes se encierran ante ella le resultan sospechosos. “Abierta” debe entenderse aquí en un sentido amplio: la masa lo es en todas partes y en cualquier dirección. La masa abierta existirá mientras siga creciendo. Su desintegración empezará en cuanto deje de crecer.
Pues con la misma rapidez con la que surge, la masa se desintegra. En esta forma espontánea, es una entidad vulnerable. Su apertura, que le permite seguir creciendo, la pone al mismo tiempo en peligro. Siempre permanece vivo en ella el presentimiento de la desintegración que la amenaza y de la que intenta evadirse mediante un crecimiento acelerado. Mientras puede lo incorpora todo; pero porque lo incorpora todo tiene que desintegrarse.
En oposición a la masa abierta, que puede crecer sin límite alguno, que está en todas partes y precisamente por eso reclama un interés universal, se halla la masa cerrada.
Ésta renuncia al crecimiento y se concentra sobre todo en su permanencia. Lo que primero llama la atención en ella es el límite. La masa cerrada busca establecerse, creando su propio espacio al limitarse; el espacio que va a llenar le es asignado. Es comparable a un recipiente en el que se vierte líquido y cuya capacidad se conoce de antemano. Los accesos a ese espacio están contados y no se puede entrar en él de cualquier manera. El límite se respeta, ya sea de piedra o de mampostería sólida. Quizá sea precisa alguna ceremonia de admisión particular; quizá para ingresar haya que pagar cierta cantidad. Cuando el espacio ya está suficientemente lleno, no se admite a nadie más. Incluso cuando se desborda, la masa densa en el espacio cerrado continúa siendo lo más importante, y quienes se han quedado fuera no forman realmente parte de ella.
El límite impide un incremento incontrolado, pero también dificulta y retarda la desintegración. La masa gana en estabilidad lo que sacrifica en posibilidad de crecimiento. Se halla protegida de incidencias externas que podrían resultarle hostiles y peligrosas. Pero sobre todo cuenta con la repetición. Ilusionada ante la perspectiva de reconstituirse, la masa supera cada vez su propia disolución. El edificio la espera, está ahí para ella y, mientras siga ahí, quienes integran la masa volverán a congregarse de la misma manera. El espacio seguirá perteneciéndoles aun en el periodo de bajamar, e incluso vacío les recordará la pleamar.


Elias Canetti / Masa y poder.

Traducción de Juan José del Solar.

viernes, marzo 09, 2007

este post no tiene título

Estoy entusiasmado con la última razón que da George Bush para bombardear Iraq: se le agota la paciencia. ¡A mí me pasa lo mismo! Llevo un tiempo bastante cabreado con el Sr. Johnson, que vive dos puertas más abajo. Bueno: con él y con el Sr. Patel, el dueño de la tienda de comida naturista. Los dos me miran mal, y estoy seguro de que el Sr. Johnson planea algo horrible contra mí, aunque aún no he podido descubrir el qué. He estado husmeando en su casa para ver qué pretende, pero tiene todo bien escondido, el muy taimado. En cuanto a Patel, no me pregunten cómo lo sé, el caso es que sé de buena tinta que en realidad es un asesino en serie.
He llenado la calle de panfletos explicando a la gente que si no actuamos primero, nos irá liquidando uno a uno. Algunos de mis vecinos dicen que si tengo pruebas, que vaya a la Policía. ¡Qué ridiculez! La Policía diría que necesitan evidencia de un crimen del que acusar a mis vecinos. Saldrían con interminables sutilezas y objeciones sobre los pros y los contras de un ataque preventivo, y mientras tanto, Johnson estaría finalizando sus planes para cometer actos terribles contra mi persona, mientras Patel estaría matando gente en secreto.
Ya que soy el único de la calle con un arsenal decente de armas automáticas, me doy cuenta de que es mi obligación moral el mantener la paz. Pero hasta hace poco ha sido algo difícil hacerlo.
Ahora, sin embargo, George W. Bush ha dejado claro que todo lo que necesito es que se me agote la paciencia, ¡y ya puedo tirar hacia delante y hacer lo que quiera! Y reconozcámoslo, la política cuidadosamente razonada de Bush con respecto a Iraq es la única manera de conseguir la paz y la seguridad internacional.
La única manera segura de parar a los terroristas fundamentalistas suicidas que amenazan a EE.UU. y al Reino Unido es bombardear algunos países musulmanes que nunca nos han amenazado. ¡Por eso quiero volar el garaje de Johnson y matar a su mujer y sus hijos! ¡Ataquemos primero! Eso le dará una lección. Así nos dejará en paz y dejará de mirarme de esa manera tan absolutamente inaceptable.
El Sr. Bush deja claro que todo lo que él necesita saber antes de bombardear Iraq es que Saddam es un hombre desagradable de verdad y que tiene armas de destrucción masiva -aunque nadie pueda encontrarlas-. Tengo la misma justificación para matar a la esposa y a los hijos de Johnson que Bush para bombardear Iraq.
El deseo a largo plazo del Sr. Bush es hacer del mundo un lugar más seguro, eliminando a los estados peligrosos y al terrorismo. Una intención a largo plazo bien inteligente, porque, ¿cómo diablos se sabe cuándo se ha acabado? ¿Cómo sabrá Bush cuándo ha acabado con todos los terroristas? ¿Cuando todos los terroristas hayan muerto? Pero un terrorista sólo lo es una vez que ha cometido un acto de terror. ¿Qué pasa con los futuros terroristas? Ésos son los que realmente hay que eliminar, porque la mayor parte de los terroristas conocidos, como son suicidas, se eliminan ellos solos. El Sr. Bush necesita acabar con todos los que podrían, quizá, ser futuros terroristas ¡No puede estar seguro de lograr su objetivo hasta que cada fundamentalista islámico esté muerto! Pero resulta que algunos musulmanes moderados pueden convertirse en fundamentalistas. Tal vez lo único seguro que quepa hacer, según Bush, sea eliminar a todos los musulmanes. Lo mismo pasa en mi calle. Johnson y Patel son sólo la punta del iceberg. Hay docenas de personas en la calle a las que no gusto y que -lo digo con el corazón- me miran muy mal. Nadie estará seguro hasta que haya acabado con todos.
Mi mujer me dice que a lo mejor estoy yendo demasiado lejos, pero yo le digo que lo único que hago es usar la misma lógica que el Presidente de los Estados Unidos. Con eso le callo la boca. Igual que le ocurre al Sr. Bush, a mí se me ha acabado la paciencia, y si ésa es razón suficiente para el Presidente, también lo es para mí.
Le daré a la calle entera dos semanas -no, diez días- para que salgan a la luz y entreguen a todos los alienígenas y piratas interplanetarios, a los forajidos galácticos y a los cerebros terroristas interestelares, y si no los entregan de buena gana y dicen "gracias", bombardearé la calle entera.
Tan sensato es esto como lo que se propone George W. Bush. Y al contrario de lo que él pretende, mi política sólo destruirá una calle.
.
Carta de Terry Jones (de los Monty Python) al London Observer Domingo, 26 de enero de 2003

yo no lo sé de cierto...

Pintura de Mark Rothko

Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
.
Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)
.
Jaime Sabines

miércoles, marzo 07, 2007

el dilema del artista

Sin título, 1950 / Pintura de Mark Rothko


Mark Rothko escribió un conjunto de textos entre los años 1940 y 1941. Se piensa que quizá los escribió con la idea de publicarlos, pero eso no lo sabremos con certeza jamás. Estos textos fueron escritos antes de que pintara ni uno solo de los cuadros que le harían célebre. Cuando los escribió tenía 40 años y era un pintor desconocido. No alcanzaría la fama hasta diez o doce o catorce años después, con sus para mí maravillosas pinturas abstractas.


Los textos, sin terminar de corregir y sin ordenar, fueron guardados por Rothko en el fondo de un cajón. Y consciente o insconcientemente, se olvidó de ellos. Treinta años más tarde, a raíz de su muerte, ocurrida en 1970, fueron encontrados por sus hijos, pero de nuevo volvieron al cajón del olvido durante otros veinte años o más, es decir, todo el tiempo que éstos necesitaron para poner orden en la herencia dejada por su padre.


Al fin, el azar quiso intervenir a favor de estos textos para sacarlos a la luz, y con motivo del centenario del nacimiento del pintor, se ordenaron y se editaron en forma de libro. El título del libro coincide con las palabras que Rothko había escrito sobre las tapas de la carpeta donde los guardaba: Artists Reality, y está dividido en partes o capítulos con los nombres de los temas de que trataba: el dilema del artista; el arte como función biológica natural; el arte como acción; la integridad del proceso plástico; plasticidad; espacio; belleza; naturalismo; tema y contenido; arte, realidad y sensualidad; particularización y generalización; la generalización a partir del Renacimiento; impresionismo emocional y dramático; impresionismo objetivo; el mito; la búsqueda del mito de hoy día; la influencia de las civilizaciones primitivas en el arte moderno; el arte moderno; el primitivismo; arte autóctono.


La realidad del artista es ante todo un libro de reflexiones, de contenido filosófico.



El primer capítulo lo titula El dilema del artista, y comienza así:

¿Cuál es la idea que la mayoría de la gente tiene de los artistas? Si reunimos mil descripciones el balance final es el retrato de un inútil: se le considera infantil, irresponsable, ignorante o estúpido en los asuntos prácticos de la vida.
Esta imagen no supone condena o desprecio. Estos defectos son atribuibles a la intensidad de la preocupación del artista por su fantasía particular y a la naturaleza poco realista de lo fantástico. La cómica tolerancia que se tiene para con el profesor distraído es aplicable al artista. Los biógrafos contrastan la torpeza de sus juicios con sus logros en el terreno de lo creativo y, si bien se murmura sobre su ingenuidad y su picardía, estos mismos calificativos se interpretan como signos de Simplicidad e Inspiración, inseparables compañeros del arte. Y si por un lado se dice que el artista se expresa torpemente, o no está lo suficientemente informado, por el otro se dice que es un privilegiado puesto que la naturaleza ha decidido alejar de él las distracciones mundanas para que pueda así concentrarse en su singular cometido.
Este mito, como todos los mitos, tiene muchos fundamentos razonables. Primero, da testimonio de la creencia popular en las leyes de la compensación: que mientras un sentido gana hay otro que padece. Homero era ciego y Beethoven sordo. La desdicha que esto significó para ellos es una suerte para nosotros en términos de la riqueza de su arte. Pero más importante aún, da testimonio de la prevaleciente creencia en el carácter irracional de la inspiración, ubicando la verdadera clarividencia, vedada a la mayoría de los hombres, en ese espacio entre la inocencia de la niñez y los trastornos de la locura. La idea que prevalece del artista es compatible con la visión de Platón, expresada en Ion en referencia al poeta: “No es posible la invención si al poeta no le ha llegado la inspiración y está fuera de sus sentidos, y su mente ya no habita en él”. Aunque la ciencia, con sus escalas y normas amenaza constantemente con despojar de misterio a la imaginación, la persistencia de este mito es el homenaje involuntario que el hombre rinde a la comprensión de su ser interno como algo diferente de su experiencia racional.
Sin embargo es curioso que el artista nunca se haya quejado de no poseer esas virtudes sin las cuales otros hombres no podrían vivir: la capacidad intelectual, el buen juicio, el conocimiento del mundo y la conducta racional. Se puede incluso decir que ha fomentado este mito. Vollard en sus diarios personales nos dice que Degas fingía sordera para escapar de las discusiones y arengas en torno a temas que encontraba falsos y de mal gusto. Si el tema o el interlocutor cambiaba, su oído mejoraba inmediatamente. Tenemos que maravillarnos ante su sabiduría ya que parece haber intuido lo que ahora sabemos con certeza: que la repetición constante de la impostura es más convincente que la demostración de la verdad. Es comprensible entonces que el artista haya cultivado esta apariencia de tonto, esta sordera, esta torpeza para expresarse, en un esfuerzo por evadirse de los millones de comentarios irrelevantes en torno a su obra. Porque mientras que la autoridad de un médico o un fontanero nunca se cuestiona, todo el mundo piensa que puede juzgar y determinar adecuadamente lo que es y tendría que ser una obra de arte.
No nos engañemos a nosotros mismos con visiones de una época dorada libre de esta cacofonía. Ese brillo dorado no es más que una falsedad artística. Convivimos con la fantasía y sabemos cuán reales pueden parecer los sueños. Y una época como la nuestra, que nos exige una confrontación tan directa con la realidad no nos concederá el placer de la narcotización. Conscientes de que las tribulaciones de los hombres son siempre interiores podemos afirmar que el artista del pasado también tenía motivos para actuar como un tonto loco y de esta manera proteger aquellos momentos de paz cuando podía acallar las demandas de los demonios y consagrarse a su arte. Y si además la naturaleza le adjudicaba la apariencia de un tonto mejor para él, pues el arte del disimulo es muy riguroso.

Mark Rothko / La realidad del artista.

Traducción de Marisa Abdala

lunes, marzo 05, 2007

hola!! soy un virus

Ayer metí la patita bien, bien de bien, reenviando a toda mi agenda de direcciones un correo de esos que siempre hay alguien que te manda creyendo hacerte un favor e invitándote a que se lo hagas a todos tus amigos para que así nos beneficiemos todos y no perdamos nuestros datos ni nos explote el disco duro del ordenata. El correo de marras avisaba de un virus fatal. Lo que no sabía yo era que en realidad el virus fatal somos los internautas bienintencionados que llenamos la red de mensajes con avisos falsos. No te acostarás sin saber una cosa más. En efecto: anoche me acosté sabiendo que puedo llegar a ser un peligrosísimo virus. Quién me lo iba a decir... una huyendo del virus como de la peste y resulta ser que el virus soy yo misma. Bueno, a pesar de todo he dormido bien. Y, qué gracia! hoy me paso por el blog de Peluche, y me encuentro con este "trabajito". Y no puedo aguantarme las ganas de copiarle...

domingo, marzo 04, 2007

ma solitude



ma solitude

Pour avoir si souvent dormi
Avec ma solitude
Je m'en suis fait presqu'une amie
Une douce habitude
Ell' ne me quitte pas d'un pas
Fidèle comme une ombre
Elle m'a suivi ça et là
Aux quatre coins du monde

Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude

Quand elle est au creux de mon lit
Elle prend toute la place
Et nous passons de longues nuits
Tous les deux face à face
Je ne sais vraiment pas jusqu'où
Ira cette complice
Faudra-t-il que j'y prenne goût
Ou que je réagisse?

Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude

Par elle, j'ai autant appris
Que j'ai versé de larmes
Si parfois je la répudie
Jamais elle ne désarme
Et si je préfère l'amour
D'une autre courtisane
Elle sera à mon dernier jour
Ma dernière compagne

Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude
Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude

(Letra y música de Georges Moustaki)

sábado, marzo 03, 2007

sábado, febrero 24, 2007

un no sé qué de sueño

Pintura de Mark Rothko
.
Existen sensaciones que son sueños, que ocupan como una niebla toda la extensión del espíritu, que no dejan pensar, que no dejan actuar, que no dejan claramente ser. Como si no hubiéramos dormido, sobrevive en nosotros un no sé qué de sueño, y hay un torpor del sol del día calentando la superficie estancada de los sentidos. Es una borrachera de no ser nada, y la voluntad es un balde vaciado en el jardín por un movimiento indolente del pie al pasar.
.
Fernando Pessoa / Libro del desasosiego.
Traducción de Perfecto E. Cuadrado.


martes, febrero 20, 2007

poniendo un meme en mi vida


Bueno, bueno… ya veis, aquí me tenéis con un meme, el primero de mi vida, y porque me lo ha pasado Chusbg, que si no a buena hora… pero tratándose de él… me he dicho, venga, padelante con ese meme. Y esto ha salido.
Ahora bien, yo no se lo pasaré a nadie, que soy muy vergonzosilla para estas cosas, pero el que quiera que se lo coja y que haga con el meme lo que guste. Empecemos:

1. ¿Por qué comenzaste a escribir un blog?
Pues así de repente me invitaron a participar en un blog a dúo. Hace menos de dos años. Yo no tenía ni idea, nunca había visitado ninguno, el único que me sonaba de oídas era el de Arcadi Espada. Una buena mañana me encontré con este regalo: un blog abierto, la clave y contraseña para entrar, las indicaciones de manejo más primarias y la invitación a escribir lo que quisiera. La idea fue de una persona que había conocido en un foro sobre arte y con la cual había cruzado unos cuantos mailes. Recuerdo que fue en Blogia, y que su título, si la memoria no me falla, era “Watson antes que Holmes”, con un subtítulo que decía “tanto monta monta tanto Holmes como Watson”. O algo muy parecido a eso. Acordamos en que yo sería Watson y que ella sería Holmes. Nos duró exactamente tres meses, pues diversas circunstancias adversas nos impidieron llegar más lejos, y al cabo de ese tiempo decidimos de mutuo acuerdo eliminar el blog. Esa fue mi primera experiencia con un blog.
Luego abrí el mío, éste en el que escribo, "...y viceversa", porque el gusanillo se me había quedado dentro, y porque por razones de salud necesitaba distraerme, y lo que hacía era leer, y de ahí a pensar en subir los textos que me gustaban no hubo nada más que probar a abrir un nuevo blog, y guardarlos, conservarlos allí. Además, de paso, fui aprendiendo el funcionamiento, subir imágenes, vincular páginas… me estimulaba mucho la novedad de aprender a usar esta herramienta.

2. ¿Sobre qué temas escribes? ¿Por qué?
Cuando empecé, mi idea era la de subir textos, pequeños textos, extraídos de libros, novelas o poesía, y juntarlos en el blog. Textos que me hubieran gustado especialmente. Por qué? Pues por el placer de hacerlo.
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3. Si la gente dejara de leerte y comentar, seguirías escribiendo?
Supongo que sí. Este meme me pilla en un momento en el que no tengo actividad en mi blog, pues lo he ido poco a poco dejando de lado, pero en mi caso, y aunque las personas que han comentado han sido todas sin excepción excelentes, yo me he ido sintiendo con el tiempo como menos libre, como más cohibida, y quizá el hecho de tener lectores, o de saber que los tienes, me ha influido en los derroteros que he ido tomando. Pero bueno, ese es mi problema.

4. ¿Crees que al escribir un blog debe seguirse algún tipo de ética?
Una ética personal, por supuesto. El mismo tipo de ética que uno tiene en cualquier otra parte.

5. ¿Crees que formas parte de una comunidad? ¿Por qué?
Pues sí, sí tengo esa sensación, la de pertenecer a una comunidad de individuos que navegamos por este espacio de la red, en concreto de los blogs, sí. Pero matizo que me siento parte de esa comunidad como individua, como número entero, y no como célula o parte de un cuerpo mayor.

6. ¿Tienes algún grupo cercano de blogueros con el que te podrías poner de acuerdo para lograr algo?
Ponerme de acuerdo… eso no lo sé, pues los blogueros con los que he tenido contacto van a su aire, cosa que me parece estupenda, y hasta la fecha no se ha dado ocasión alguna ni por mi parte ni por la de ellos de ponernos de acuerdo para hacer algo en común. Pero no lo considero descartable.

7. ¿Crees que los blogs van a cambiar/están cambiando algo en la sociedad/mundo político/etc.?
Sí, sí, yo creo que sí. Los blogs son un mundo enorme, están llenos de gente, de personas detrás de ellos, son individuos, y escriben y leen, conversan, se pasan información… y no sólo eso, también ríen, disfrutan, se hacen amigos… se establecen conexiones… hay mucho movimiento. Algo así ha de cambiar las maneras de los políticos para llegar a la gente, ya no es la televisión el medio-herramienta, cada vez hay menos gente parada frente a un televisor, y cada vez hay más gente activa y contactada a través de la red.

8. ¿Qué te gustaría poder hacer dentro de la red para profundizar lo que haces con el blog y por qué? ¿Podcast/videocast, comunidades, wikis, redes sociales,etc.?
De momento no me gustaría hacer nada más.


Bueno, Chusbg, muchas gracias por tu invitación, al final, ya ves, a pesar de mis reticencias, hasta ha sido un placer. Un abrazo.

sábado, febrero 10, 2007

coleccionando principios


Coleccionando principios es un blog recién estrenado que navega viento en popa a toda vela. Aquí os dejo la invitación.

viernes, febrero 09, 2007

tinta fresca

Tinta fresca
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La guerra de Iraq se ha convertido en un tema académico. Se habla de ella con la falta de pasión con la que discutimos sobre la guerra del Peloponeso. Bush y los suyos no cometieron un acto criminal: se equivocaron. ¿Cuándo? In illo tempore. Podríamos decir que se trata de un clásico con víctimas actuales. Me he quedado sin tinta, dice el periodista objetivo a su ayudante. Y el ayudante abre un grifo, conectado directamente con Bagdad, del que sale la sangre en la que moja la punta de su pluma para continuar contándonos esa guerra como el que cuenta la de Troya, que nos cae bien porque, ya lo saben ustedes, se hizo por amor.
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A veces la sangre no sale del grifo suficientemente depurada y aparecen en ella pedazos de hígado, grumos de riñón, o trozos de cuero cabelludo que el periodista objetivo aparta con la punta de la pluma, como el que saca una mosca de la sopa, para poder continuar escribiendo su clásico, o comiéndose su sopa (boba, a todas luces). Mientras cientos de análisis objetivos llegan a las librerías o a las páginas de opinión de los periódicos, cien o doscientos cuerpos revientan diariamente en Iraq, lo que, lejos de actualizar el conflicto, lo hace más clásico, al tiempo de proporcionar más tinta a los escribas. Se trata de un caso único en la historia de la historia, incluso en la historia de la literatura, donde al hablar de clásicos vivos estamos haciendo una hipérbole consciente. Aznar, Bush y Blair son clásicos vivos de esa guerra. No se les procesa porque sería como procesar a Felipe II.
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No hay modo de explicar esta situación tan ventajosa para los agresores como cruel para sus víctimas. Imaginemos que usted es un atracador de bancos actual, aunque sus fechorías, por razones paranormales, son percibidas por el público como antiguas. Usted roba hoy, pero se analiza su caso como si lo hubiera llevado a cabo hace tres siglos. Algo así está ocurriendo con la guerra de Iraq. Sucede ahora, día a día, en este minuto. Antes de que haya puesto el punto final a este artículo habrán muerto 50 personas. Pero sus promotores se han fugado a la Edad Media, desde donde conti­núan insultando a la inteligencia.
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Juan José Millás / Artículo

miércoles, febrero 07, 2007

poesía: el mundo otro

La realidad sensible siempre ha sido para mí una fuente de sorpresas. También de evidencias. En un lejano artículo de 1940 aludí a la poesía como “el testimonio de los sentidos”. Testimonio verídico: sus imágenes son palpables, visibles y audibles. Cierto, la poesía está hecha de palabras enlazadas que despiden reflejos, visos y cambiantes: ¿lo que nos enseña son realidades o espejismos? Rimbaud dijo: Et j’ai vu quelquefois ce que l’homme a cru voir. Fusión de ver y creer. En la conjunción de estas dos palabras está el secreto de la poesía y el de sus testimonios: aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este, el mundo otro que es este mundo. Los sentidos, sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible. ¿No es esto, por lo demás, lo que ocurre en el sueño y en el encuentro erótico? Lo mismo al soñar que en el acoplamiento, abrazamos fantasmas. Nuestra pareja tiene cuerpo, rostro y nombre pero su realidad real, precisamente en el momento más intenso del abrazo, se dispersa en una cascada de sensaciones que, a su vez, se disipan. Hay una pregunta que se hacen todos los enamorados y en ella se condensa el misterio erótico: ¿quién eres? Pregunta sin respuesta… Los sentidos son y no son de este mundo. Por ellos, la poesía traza un puente entre el ver y el creer. Por ese puente la imaginación cobra cuerpo y los cuerpos se vuelven imágenes.
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Octavio Paz / La llama doble