
lunes, marzo 19, 2007
domingo, marzo 18, 2007
sábado, marzo 17, 2007
diana cazadora
xv.
Sobra decir que esa mañana no escribí una sola línea. ¿Cómo iba a ocuparme de los amores de Hernán Cortés y la Malinche cuando los míos se complicaban tan misteriosamente? ¿Qué se dieron, qué pudieron darse un rudo soldado extremeño y una princesa cautiva, y tabasqueña por añadidura? ¿Algo más que la alianza política mediante el sexo? ¿Algo más que la unión, verbal y carnal, de las lenguas? En cambio, Diana se fue a filmar un western ridículo a la Sierra Madre y yo me quedé cavilando sobre el placer que por lo visto yo no le había dado a ella, tomándolo sólo para mí.
Por un momento, casi me convencí de que yo era como todos los hombres, sobre todo los latinoamericanos, que buscan su satisfacción inmediata y les importa un puro carajo la de la mujer. Fui mi mejor abogado; me convencí en seguida de que éste no era mi caso, yo le había prodigado calor y atención a Diana Soren, mi paciencia no estaba en duda, mi pasión tampoco. Ella era tan voraz como yo deseoso de complacerla. Si el placer masculino al que ella se refirió esa mañana era el simple, directo de montarla y venirme, jamás lo hice sin todos los preámbulos, el foreplay, que la urbanidad sexual indica para satisfacer a la mujer y llevarla a un punto anterior a la culminación que conduzca, con suerte, al orgasmo compartido, el coito emocionante, hecho por partes idénticas de carne y de espíritu: venirse juntos, viajar al cielo… ¿Fallé en otro capítulo? Los revisé todos. Le pedí felación cuando intuí que ella quería mamar verga, agarrarla de la nuca y acercarla a mi pene levantado como a una esclava dócil era el placer que queríamos los dos. Pero también entendí cuando lo que quería ella era el cunnnilingue lento y asombrado con el que mi lengua iba descubriendo el sexo invisible de Diana, avergonzándome de la obstrusión brutal de mi propia forma masculina, güevona, evidente como una manguera abandonada en un jardín de pasto rubio; en ella, en Diana, el sexo era un lujo escondido, detrás del vello, entre los repliegues que mi lengua exploraba hasta llegar al pálpito mínimo, nervioso, azogado y azorado, de su clítoris de mercurio puro. Los sesenta y nueves no faltaron, y ella poseía la infinita sabiduría de las verdaderas amantes que conocen la raíz del sexo del hombre, el nudo de nervios entre las piernas, a distancia igual entre los testículos y el ano, donde se dan cita todos los temblores viriles cuando una mano de mujer nos acaricia allí, amenazando, prometiendo, insinuando uno de los dos caminos, el heterosexual de los testículos o el homosexual del culo. Esa mano nos mantiene en vilo entre nuestras inclinaciones abiertas o secretas, nuestras potencialidades amatorias con el sexo opuesto o con el mismo sexo. Una amante verdadera sabe darnos los dos placeres y darlos, además, como promesa, es decir, con la máxima intensidad de lo solamente deseado, de lo incumplido. El amor total siempre es andrógino.
¿Ella misma quería que yo la sodomizara? Lo hice de las dos maneras, poniéndola de cuatro patas para entrar por su vagina desde atrás, o lubricando su ano para entrar, desgarrándolo, al capullo de su mayor intimidad. Untos se los di, la regué con champaña una noche, rociándonos los dos entre carcajadas; de su espléndido aroma vaginal de frutas maduras ya hablé; le rocié mi loción masculina en las axilas y entre las piernas; ella me escondió su propio perfume detrás de mi oreja, para que durara siempre allí, dijo; yo mismo la engalané como a una Venus doméstica con la espuma de mi tarro de afeitar (Noxzema) y una tarde de domingo aburrida le afeité los sobacos y el pubis, guardándolo todo en otro tarro abandonado de mermelada, hasta que floreciera o se corrompiera atrozmente, qué se yo…
Acabé riéndome con ganas de todas estas pendejadas, recordando para acabar (lo creí en ese momento) la maravillosa frase del moribundo y cachondo millonario Volpone en la comedia de Ben Jonson:
-A mí me gustan las mujeres y los hombres, del sexo que sean…
¿Era eso lo que nos faltaba: compartir el sexo con otros, era ése el placer al que se refería Diana? ¿Qué quería? ¿Un ménaje à trois? ¿Con quién? ¿Con el stunt man que yo le serví para neutralizar? Entonces, ¿para qué meterlo en una triada? Ella acabaría sola con él; de esa vuelta de tuerca yo no me privaría: la dejaría sola con el hombre que yo serví para alejar, sola con él y sin el ménaje à trois… La partouze, la orgía francesa, tampoco me parecía muy interesante o factible con un viejo actor, una peinadora que mascaba chicle, una austera dama de compañía española, un director chaparro, obeso y barbudo y un cameraman que proclamaba su adhesión al culto de Onán como placer salvador y seguro de las prolongadas locaciones cinematográficas…
¿Con animales?
¿Fetichismo?
El espejo. Quizás no habíamos jugado bastante con los espejos.
No pude desarrollar esta fantasía, porque al mirar al espejo que cubría una de las puertas del closet, miré reflejada la mirada del Vaquero Metafísico, Clint Eastwood, y caí en la cuenta. Ya sabía lo que deseaba Diana.
Desnudos en la cama, esa noche la sentí fría y le pregunté si tenía ganas de hacer el amor.
-¿Por qué mejor no me preguntas si me gusta hacer el amor contigo? –dijo haciéndose un ovillo entre las sábanas.
-Está bien. Te lo pregunto.
-¿Qué?
-¿Te gusta hacer el amor conmigo?
-Tonto –me dijo con su sonrisa más fulgurante, más hoyuelesca.
-A mí me gustaría hacerte el amor en nombre de todos los hombres que te han hecho el amor –le dije acercándome bruscamente a su oído.
-No digas eso –ella tembló un poco.
La tomé de la cintura
-No sé si debo decírtelo.
-Somos libres. No nos guardamos nada tú y yo.
-Hay algo que me gusta de ti. Pretendes que estamos solos cuando cogemos.
-¿No lo estamos?
-No. Cuando nos acostamos yo veo pasar por tu piel a una multitud de hombres, desde tu primer novio hasta tus amantes ausentes pero vigentes…
Miré de reojo la foto de la estrella de Por un puñado de dólares y sentí un escalofrío.
-Sigue, sigue…
Ya no sabía lo que estaba haciendo con mis manos. Sólo conocía mis palabras.
-¿Puede haber sexo sólo entre dos?
-No, no…
-¿Te gusta saber que pienso en todos los hombres que te han gozado antes cuando yo mismo te cojo?
-¿Te atreves a decírmelo?
-¿No lo sabes tú, Diana? ¿No te gusta también?
-No me digas eso, por favor.
-¿No te desilusiono si te digo esto?
-No –casi gritó-. No, me gusta…
-¿Pensar que conmigo se acuestan contigo todos los hombres que te han cogido en tu vida?
-Me gusta, me gusta…
-Creí que no te iba a gustar…
-No digas nada. Siente cómo estoy sintiendo…
-¿Por qué no nos atrevemos a sentir este placer si tanto nos gusta?
-¿Cuál placer? ¿Qué dices?
-Este placer. El que te doy pensando que soy otro, el que tú sientes imaginando que yo también soy otro, admítelo…
-Sí, me gusta, me vuelve loca, no pares…
-Quisiera que todos ellos estuvieran aquí, viéndonos coger a ti y a mí…
-Sí, yo también, no te detengas, sigue…
-No te vengas todavía…
-Es que me estás dando muchas vergas hoy…
-Aguántate, Diana, nos están mirando, todos, desde ese espejo nos miran y nos envidian…
-Dime que a ti también te gusta que ellos nos miren…
-Me gusta que pretendas que lo hacemos solos. Me gusta saber que te gusta…
-Me gusta me gusta me gusta…
Cuando terminamos, ella se volteó hacia mí, entrecerró los ojos grises (¿azules?) como una bruma olvidada y me dijo:
-Que poca imaginación tienes.
viernes, marzo 16, 2007
martes, marzo 13, 2007
utopías para caminar
lunes, marzo 12, 2007
datos que andan por ahí

sábado, marzo 10, 2007
masa abierta y masa cerrada
Un fenómeno tan enigmático como universal es el de la masa que surge de repente allí donde antes no había nada. Puede que ya se hubieran reunido unas cuantas personas, cinco, diez o doce, no más. Nada se había anunciado, nada se esperaba. Y de pronto todo se llena de gente. Por todos lados afluyen más, es como si las calles tuvieran una sola dirección. Muchos no saben qué ha ocurrido, no tienen nada que responder a ninguna pregunta, pero sí prisa por llegar allí donde está la mayoría. En sus movimientos hay una determinación que se diferencia muy bien del modo como se manifiesta una curiosidad habitual. Se diría que el movimiento de unos contagia a los otros, pero no es solamente eso, hay algo más: tienen una meta, y esa meta está ahí antes de que hayan encontrado palabras para designarla: es la zona de mayor densidad, el lugar donde se ha congregado la mayoría de la gente.
Varias cosas habrá que decir sobre esta forma extrema de la masa espontánea. Allí donde se origina, en su núcleo propiamente dicho, no es tan espontánea como parece. Pero si prescindimos de las cinco, diez o doce personas a partir de las cuales se originó, el resto sí que lo es. En cuanto empieza a existir, desea incrementar su número. La compulsión a crecer es la primera y suprema característica de la masa. Esta aspira a incorporar a todo el que se ponga a su alcance. Quienquiera que tenga forma humana podrá formar parte de ella. La masa natural es la masa abierta: su crecimiento no tiene límites prefijados. No reconoce casas, puertas ni cerraduras; quienes se encierran ante ella le resultan sospechosos. “Abierta” debe entenderse aquí en un sentido amplio: la masa lo es en todas partes y en cualquier dirección. La masa abierta existirá mientras siga creciendo. Su desintegración empezará en cuanto deje de crecer.
Pues con la misma rapidez con la que surge, la masa se desintegra. En esta forma espontánea, es una entidad vulnerable. Su apertura, que le permite seguir creciendo, la pone al mismo tiempo en peligro. Siempre permanece vivo en ella el presentimiento de la desintegración que la amenaza y de la que intenta evadirse mediante un crecimiento acelerado. Mientras puede lo incorpora todo; pero porque lo incorpora todo tiene que desintegrarse.
En oposición a la masa abierta, que puede crecer sin límite alguno, que está en todas partes y precisamente por eso reclama un interés universal, se halla la masa cerrada.
Ésta renuncia al crecimiento y se concentra sobre todo en su permanencia. Lo que primero llama la atención en ella es el límite. La masa cerrada busca establecerse, creando su propio espacio al limitarse; el espacio que va a llenar le es asignado. Es comparable a un recipiente en el que se vierte líquido y cuya capacidad se conoce de antemano. Los accesos a ese espacio están contados y no se puede entrar en él de cualquier manera. El límite se respeta, ya sea de piedra o de mampostería sólida. Quizá sea precisa alguna ceremonia de admisión particular; quizá para ingresar haya que pagar cierta cantidad. Cuando el espacio ya está suficientemente lleno, no se admite a nadie más. Incluso cuando se desborda, la masa densa en el espacio cerrado continúa siendo lo más importante, y quienes se han quedado fuera no forman realmente parte de ella.
El límite impide un incremento incontrolado, pero también dificulta y retarda la desintegración. La masa gana en estabilidad lo que sacrifica en posibilidad de crecimiento. Se halla protegida de incidencias externas que podrían resultarle hostiles y peligrosas. Pero sobre todo cuenta con la repetición. Ilusionada ante la perspectiva de reconstituirse, la masa supera cada vez su propia disolución. El edificio la espera, está ahí para ella y, mientras siga ahí, quienes integran la masa volverán a congregarse de la misma manera. El espacio seguirá perteneciéndoles aun en el periodo de bajamar, e incluso vacío les recordará la pleamar.
viernes, marzo 09, 2007
este post no tiene título
He llenado la calle de panfletos explicando a la gente que si no actuamos primero, nos irá liquidando uno a uno. Algunos de mis vecinos dicen que si tengo pruebas, que vaya a la Policía. ¡Qué ridiculez! La Policía diría que necesitan evidencia de un crimen del que acusar a mis vecinos. Saldrían con interminables sutilezas y objeciones sobre los pros y los contras de un ataque preventivo, y mientras tanto, Johnson estaría finalizando sus planes para cometer actos terribles contra mi persona, mientras Patel estaría matando gente en secreto.
Ya que soy el único de la calle con un arsenal decente de armas automáticas, me doy cuenta de que es mi obligación moral el mantener la paz. Pero hasta hace poco ha sido algo difícil hacerlo.
Ahora, sin embargo, George W. Bush ha dejado claro que todo lo que necesito es que se me agote la paciencia, ¡y ya puedo tirar hacia delante y hacer lo que quiera! Y reconozcámoslo, la política cuidadosamente razonada de Bush con respecto a Iraq es la única manera de conseguir la paz y la seguridad internacional.
La única manera segura de parar a los terroristas fundamentalistas suicidas que amenazan a EE.UU. y al Reino Unido es bombardear algunos países musulmanes que nunca nos han amenazado. ¡Por eso quiero volar el garaje de Johnson y matar a su mujer y sus hijos! ¡Ataquemos primero! Eso le dará una lección. Así nos dejará en paz y dejará de mirarme de esa manera tan absolutamente inaceptable.
El Sr. Bush deja claro que todo lo que él necesita saber antes de bombardear Iraq es que Saddam es un hombre desagradable de verdad y que tiene armas de destrucción masiva -aunque nadie pueda encontrarlas-. Tengo la misma justificación para matar a la esposa y a los hijos de Johnson que Bush para bombardear Iraq.
El deseo a largo plazo del Sr. Bush es hacer del mundo un lugar más seguro, eliminando a los estados peligrosos y al terrorismo. Una intención a largo plazo bien inteligente, porque, ¿cómo diablos se sabe cuándo se ha acabado? ¿Cómo sabrá Bush cuándo ha acabado con todos los terroristas? ¿Cuando todos los terroristas hayan muerto? Pero un terrorista sólo lo es una vez que ha cometido un acto de terror. ¿Qué pasa con los futuros terroristas? Ésos son los que realmente hay que eliminar, porque la mayor parte de los terroristas conocidos, como son suicidas, se eliminan ellos solos. El Sr. Bush necesita acabar con todos los que podrían, quizá, ser futuros terroristas ¡No puede estar seguro de lograr su objetivo hasta que cada fundamentalista islámico esté muerto! Pero resulta que algunos musulmanes moderados pueden convertirse en fundamentalistas. Tal vez lo único seguro que quepa hacer, según Bush, sea eliminar a todos los musulmanes. Lo mismo pasa en mi calle. Johnson y Patel son sólo la punta del iceberg. Hay docenas de personas en la calle a las que no gusto y que -lo digo con el corazón- me miran muy mal. Nadie estará seguro hasta que haya acabado con todos.
Mi mujer me dice que a lo mejor estoy yendo demasiado lejos, pero yo le digo que lo único que hago es usar la misma lógica que el Presidente de los Estados Unidos. Con eso le callo la boca. Igual que le ocurre al Sr. Bush, a mí se me ha acabado la paciencia, y si ésa es razón suficiente para el Presidente, también lo es para mí.
Le daré a la calle entera dos semanas -no, diez días- para que salgan a la luz y entreguen a todos los alienígenas y piratas interplanetarios, a los forajidos galácticos y a los cerebros terroristas interestelares, y si no los entregan de buena gana y dicen "gracias", bombardearé la calle entera.
Tan sensato es esto como lo que se propone George W. Bush. Y al contrario de lo que él pretende, mi política sólo destruirá una calle.
yo no lo sé de cierto...
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
.
Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)
.
Jaime Sabines
miércoles, marzo 07, 2007
el dilema del artista
Sin título, 1950 / Pintura de Mark RothkoEsta imagen no supone condena o desprecio. Estos defectos son atribuibles a la intensidad de la preocupación del artista por su fantasía particular y a la naturaleza poco realista de lo fantástico. La cómica tolerancia que se tiene para con el profesor distraído es aplicable al artista. Los biógrafos contrastan la torpeza de sus juicios con sus logros en el terreno de lo creativo y, si bien se murmura sobre su ingenuidad y su picardía, estos mismos calificativos se interpretan como signos de Simplicidad e Inspiración, inseparables compañeros del arte. Y si por un lado se dice que el artista se expresa torpemente, o no está lo suficientemente informado, por el otro se dice que es un privilegiado puesto que la naturaleza ha decidido alejar de él las distracciones mundanas para que pueda así concentrarse en su singular cometido.
Este mito, como todos los mitos, tiene muchos fundamentos razonables. Primero, da testimonio de la creencia popular en las leyes de la compensación: que mientras un sentido gana hay otro que padece. Homero era ciego y Beethoven sordo. La desdicha que esto significó para ellos es una suerte para nosotros en términos de la riqueza de su arte. Pero más importante aún, da testimonio de la prevaleciente creencia en el carácter irracional de la inspiración, ubicando la verdadera clarividencia, vedada a la mayoría de los hombres, en ese espacio entre la inocencia de la niñez y los trastornos de la locura. La idea que prevalece del artista es compatible con la visión de Platón, expresada en Ion en referencia al poeta: “No es posible la invención si al poeta no le ha llegado la inspiración y está fuera de sus sentidos, y su mente ya no habita en él”. Aunque la ciencia, con sus escalas y normas amenaza constantemente con despojar de misterio a la imaginación, la persistencia de este mito es el homenaje involuntario que el hombre rinde a la comprensión de su ser interno como algo diferente de su experiencia racional.
Sin embargo es curioso que el artista nunca se haya quejado de no poseer esas virtudes sin las cuales otros hombres no podrían vivir: la capacidad intelectual, el buen juicio, el conocimiento del mundo y la conducta racional. Se puede incluso decir que ha fomentado este mito. Vollard en sus diarios personales nos dice que Degas fingía sordera para escapar de las discusiones y arengas en torno a temas que encontraba falsos y de mal gusto. Si el tema o el interlocutor cambiaba, su oído mejoraba inmediatamente. Tenemos que maravillarnos ante su sabiduría ya que parece haber intuido lo que ahora sabemos con certeza: que la repetición constante de la impostura es más convincente que la demostración de la verdad. Es comprensible entonces que el artista haya cultivado esta apariencia de tonto, esta sordera, esta torpeza para expresarse, en un esfuerzo por evadirse de los millones de comentarios irrelevantes en torno a su obra. Porque mientras que la autoridad de un médico o un fontanero nunca se cuestiona, todo el mundo piensa que puede juzgar y determinar adecuadamente lo que es y tendría que ser una obra de arte.
No nos engañemos a nosotros mismos con visiones de una época dorada libre de esta cacofonía. Ese brillo dorado no es más que una falsedad artística. Convivimos con la fantasía y sabemos cuán reales pueden parecer los sueños. Y una época como la nuestra, que nos exige una confrontación tan directa con la realidad no nos concederá el placer de la narcotización. Conscientes de que las tribulaciones de los hombres son siempre interiores podemos afirmar que el artista del pasado también tenía motivos para actuar como un tonto loco y de esta manera proteger aquellos momentos de paz cuando podía acallar las demandas de los demonios y consagrarse a su arte. Y si además la naturaleza le adjudicaba la apariencia de un tonto mejor para él, pues el arte del disimulo es muy riguroso.
lunes, marzo 05, 2007
hola!! soy un virus
domingo, marzo 04, 2007
ma solitude
ma solitude
Pour avoir si souvent dormi
Avec ma solitude
Je m'en suis fait presqu'une amie
Une douce habitude
Ell' ne me quitte pas d'un pas
Fidèle comme une ombre
Elle m'a suivi ça et là
Aux quatre coins du monde
Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude
Quand elle est au creux de mon lit
Elle prend toute la place
Et nous passons de longues nuits
Tous les deux face à face
Je ne sais vraiment pas jusqu'où
Ira cette complice
Faudra-t-il que j'y prenne goût
Ou que je réagisse?
Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude
Par elle, j'ai autant appris
Que j'ai versé de larmes
Si parfois je la répudie
Jamais elle ne désarme
Et si je préfère l'amour
D'une autre courtisane
Elle sera à mon dernier jour
Ma dernière compagne
Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude
Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude
(Letra y música de Georges Moustaki)
sábado, marzo 03, 2007
sábado, febrero 24, 2007
un no sé qué de sueño
martes, febrero 20, 2007
poniendo un meme en mi vida

1. ¿Por qué comenzaste a escribir un blog?
Pues así de repente me invitaron a participar en un blog a dúo. Hace menos de dos años. Yo no tenía ni idea, nunca había visitado ninguno, el único que me sonaba de oídas era el de Arcadi Espada. Una buena mañana me encontré con este regalo: un blog abierto, la clave y contraseña para entrar, las indicaciones de manejo más primarias y la invitación a escribir lo que quisiera. La idea fue de una persona que había conocido en un foro sobre arte y con la cual había cruzado unos cuantos mailes. Recuerdo que fue en Blogia, y que su título, si la memoria no me falla, era “Watson antes que Holmes”, con un subtítulo que decía “tanto monta monta tanto Holmes como Watson”. O algo muy parecido a eso. Acordamos en que yo sería Watson y que ella sería Holmes. Nos duró exactamente tres meses, pues diversas circunstancias adversas nos impidieron llegar más lejos, y al cabo de ese tiempo decidimos de mutuo acuerdo eliminar el blog. Esa fue mi primera experiencia con un blog.
Cuando empecé, mi idea era la de subir textos, pequeños textos, extraídos de libros, novelas o poesía, y juntarlos en el blog. Textos que me hubieran gustado especialmente. Por qué? Pues por el placer de hacerlo.
Supongo que sí. Este meme me pilla en un momento en el que no tengo actividad en mi blog, pues lo he ido poco a poco dejando de lado, pero en mi caso, y aunque las personas que han comentado han sido todas sin excepción excelentes, yo me he ido sintiendo con el tiempo como menos libre, como más cohibida, y quizá el hecho de tener lectores, o de saber que los tienes, me ha influido en los derroteros que he ido tomando. Pero bueno, ese es mi problema.
4. ¿Crees que al escribir un blog debe seguirse algún tipo de ética?
Una ética personal, por supuesto. El mismo tipo de ética que uno tiene en cualquier otra parte.
5. ¿Crees que formas parte de una comunidad? ¿Por qué?
Pues sí, sí tengo esa sensación, la de pertenecer a una comunidad de individuos que navegamos por este espacio de la red, en concreto de los blogs, sí. Pero matizo que me siento parte de esa comunidad como individua, como número entero, y no como célula o parte de un cuerpo mayor.
6. ¿Tienes algún grupo cercano de blogueros con el que te podrías poner de acuerdo para lograr algo?
Ponerme de acuerdo… eso no lo sé, pues los blogueros con los que he tenido contacto van a su aire, cosa que me parece estupenda, y hasta la fecha no se ha dado ocasión alguna ni por mi parte ni por la de ellos de ponernos de acuerdo para hacer algo en común. Pero no lo considero descartable.
Sí, sí, yo creo que sí. Los blogs son un mundo enorme, están llenos de gente, de personas detrás de ellos, son individuos, y escriben y leen, conversan, se pasan información… y no sólo eso, también ríen, disfrutan, se hacen amigos… se establecen conexiones… hay mucho movimiento. Algo así ha de cambiar las maneras de los políticos para llegar a la gente, ya no es la televisión el medio-herramienta, cada vez hay menos gente parada frente a un televisor, y cada vez hay más gente activa y contactada a través de la red.
De momento no me gustaría hacer nada más.
sábado, febrero 10, 2007
coleccionando principios





