viernes, octubre 27, 2006
miércoles, octubre 25, 2006
"vápara" Luis Rivera
martes, octubre 24, 2006
"vápara" Mármara
domingo, octubre 22, 2006
sábado, octubre 21, 2006
la escuela de la ignorancia
Jean-Claude Michéa / La escuela de la ignorancia (y sus condiciones modernas) / Traducción de Isabelle Marc Martínez / Ediciones Acuarela, abril 2002 / Edición original de Éditions Climats, 1999.viernes, octubre 20, 2006
martes, octubre 17, 2006
el paseo prometido

"vápara" Orbis Tertius
Pero parece que se mezclan dos órdenes de fenómenos en la interpretación de palabras desconocidas o inventadas. En primer lugar, una puesta en relación con palabras y, por tanto, significados que existen en la lengua: la asociación de los sonidos de una palabra desconocida con los de una palabra conocida provoca una asociación de sentido, asociación interna a la lengua, gestión que Humpty Dumpty aclara y racionaliza (cito aquí la traducción de Jaime de Ojeda).
"Esta declaración parecía ciertamente prometedora, de forma que Alicia recitó la primera estrofa:
.
Brillaba, brumeando negro, el Sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas,
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba *.
.
Con eso basta para empezar -interrumpió Zanco Panco-, que ya tenemos ahí un buen montón de palabras difíciles: eso de que "brumeaba negro el Sol" quiere decir que eran ya las cuatro de las tarde..., porque es cuando se encienden las brasas para asar la cena."
*texto original de la primera estrofa:
T´was brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe:
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
lunes, octubre 16, 2006
paseo por la playa

Debería dar un paseo todos los días, andar una media hora... y no lo hago, no lo hago con la disciplina con que debería hacerlo.
Con lo cerca que tengo la playa y con lo fácil que resulta dar ese paseo... En eso pensaba hace un momento, porque esta tarde me obligué a darlo, me empujé, venga para allá, me he ido diciendo todo el camino... y fijándome en el trayecto, mirando las fachadas, los adornos, los colores... así he llegado hasta el punto en que aparece el mar y el cielo abierto. La tarde estaba un poco oscura, pero no hacía nada de frío. Ha sido un paseo rápido, me hubiera gustado acercarme hasta la orilla...
Mañana sin falta, si no llueve, repetiré escenario y llegaré hasta la orilla del agua.
martes, octubre 10, 2006
sobre la traducción
Tengo sentimientos que varían según las palabras que empleo. Me sucede estar desesperado en una lengua y apenas triste en otra. Cada lengua nos hace mentir sobre nosotros mismos, con excepción de una parte de los hechos; pero en la mentira hay una afirmación, y es una manera de ser en un momento determinado; muchas lenguas a la vez nos desconocen, nos fragmentan, nos dividen en nosotros mismos.
La cita pertenece a Héctor Bianciotti, quien escribe en castellano y en francés. Posiblemente Bianciotti haya escrito estas palabras en castellano, y luego en francés, traduciéndose a sí mismo. O tal vez Jolicoeur las haya traducido al francés, y ahora vuelven al castellano, seguramente diferentes. ¿Cuál de las versiones será la más fiel a eso que el autor siente?
Inseguridad, insatisfacción, infidelidad. Las angustias que inundan a quien intenta reescribir en una lengua lo que alguien ha escrito en otra. Dice Raúl Dorra en su artículo La fidelidad del traductor: “Cualquier mensaje no sólo dice sino también calla, tiene algo cuyo significado se nos escapa.”
Leo en un libro bien ajeno al discurso teórico:
Puede decirse que los Hombres Sabios no son más que una vana multiplicación del Narrador. (...) Casi todos llevan un loro en el hombro. La función de estas aves es repetir las palabras de su dueño, para enfatizarlas o para facilitar su comprensión. Algunos, sin embargo, opinan que no hay tal repetición y que los loros se limitan a pronunciar unas palabras confusas, que se parecen lejanamente a las que acaban de oír. Es el entendimiento turbio (...) el que da por idénticos a ambos discursos.
Alejandro Dolina, Bar del Infierno.
En estas palabras se nombran puntos centrales de las teorías sobre traducción literaria. ¿Es posible traducir literatura? ¿La traducción es una repetición? ¿Una operación de equivalencias, como la que se requiere para convertir pulgadas a centímetros, o galones a litros? ¿Es apenas una lejana aproximación, un concierto de palabras semejantes? ¿Una interpretación de una partitura con un instrumento diferente de aquél para el que fue concebida? Y por último, ¿por qué se llega a dar por idénticos a dos discursos escritos en lenguas diferentes? Ocurre que en el bar de Dolina, como en los libros traducidos, tiene lugar esa ilusión según la cual la lectura de un libro traducido es la lectura del libro original: “Nadie dice lo que dice, nadie oye lo que oye, nadie escribe lo que escribe.” Nadie. O, como dijera Lawrence Venuti, alguien invisible: el traductor.
¿A quién leemos cuando leemos Hojas de hierba? ¿A Whitman, a Borges? En Memorias de Adriano, ¿leemos a Yourcenar o a Cortázar? ¿Leemos a Kovadloff o a Pessoa en el Libro del desasosiego? En literatura, las ediciones bilingües permiten al lector confrontar las escrituras en ambas lenguas y disipan la ilusión de leer al autor. También dejan entrever el trabajo de reescritura, y participan de la idea de que toda traducción es una de las posibles versiones; un borrador más, con el mismo estatuto del texto original. Como gustaba decir Borges: “El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”. Podríamos agregar: y al copyright. Pensemos, por ejemplo, en las traducciones al español de los seminarios de Jacques Lacan, cuyos derechos de autor ostenta Miller, su albacea. “Texto establecido por Jacques-Alain Miller - Única edición autorizada”, advierten los libros inmediatamente después de consignar el nombre del traductor.
La idea de la traducción como reescritura de versiones se hace más palpable cuanto mayor es la distancia, en el tiempo y en el espacio, entre los sistemas lingüísticos en relación. Muchas veces se ponen a dialogar dos lenguas cercanas, en el tiempo, en el espacio o en sus orígenes. ¿Pero qué leemos cuando leemos libros lejanos?
Abro el I Ching, quiero decir, uno de los posibles I Ching. Se trata de una edición argentina de 1975. Está en español gracias a la traducción de D. J. Vogelmann. Pero ocurre que éste no ha traducido el texto original chino, sino la versión alemana de Richard Wilhelm, de la década del ‘20 del siglo pasado. Es de esa versión que Vogelmann ha hecho la “estricta traducción”, según proclama en la presentación. Es decir que el I Ching, el Libro de las mutaciones, posiblemente escrito con anterioridad al año 1000 antes de Cristo, ha sufrido dos metamorfosis para llegar a nuestra lectura. Un libro escrito en una lengua muy distante, en un contexto remoto. ¿Se puede leer el I Ching en español, en la Argentina, tres mil años después? ¿El proceso de su traducción es comparable al de esta poesía italiana, escrita en un campo y en un idioma tan cercanos?
Dice Vogelmann: “Las connotaciones y los matices de los caracteres ideográficos chinos son tan ricos y flexibles que a menudo varias formas de traducción (...) pueden considerarse igualmente acertadas. La conjetura y la intuición de los traductores del chino clásico desempeñan un valor indiscutible.” La explicación de Vogelmann recuerda al bar de Dolina y a la ilusión de leer el texto original que alimenta este juego de versiones.
La palabra justa es también una ilusión. El deseo de comunicación se frustra permanentemente, a menudo cuando parece estar a punto de consumarse. “Un mensaje se constituye en la medida en que se transforma. La traducción es una variedad, una de las múltiples formas de la rotación de los signos”, dice Dorra. En el momento inicial de esa rotación, en el parto del texto primero, la escritura es ya un intento de traducción: ¿se escribe lo que se quiere decir? ¿Son ésas las palabras precisas, y no otras? ¿Existen palabras para decir eso que se quiere decir?
Como señala Jorge Accame, en la etimología de la palabra “traducir” se encuentra “transportar”, y también, “hacer cruzar” y “vivir”: hacer cruzar la vida a través del tiempo. El traductor aparece como “mediador interlingüe”, siguiendo el concepto de Sergio Viaggio (cuyo apellido está en el centro de esta idea). Un barquero que viaja con el texto en la travesía geográfica y lingüística, aproximándolo al puerto de destino, de orilla a orilla; los textos, como barcos cruzando mares; al timón incierto los traductores, atisbando el compás entre la niebla. Como en todo viaje, el traductor siempre deja algo, algo pierde siempre. Dice Sartre en ¿Qué es la literatura?: “Toda cosa que se nombra ya no es la misma: ha perdido su inocencia.” En el viaje de la traducción, toda palabra se transforma en una palabra extranjera, es decir, extraña.
Me gusta pensar la traducción como un viaje: cuando se exponen los pasos de la escritura de estas traducciones, se están registrando las vicisitudes de ese recorrido; un cuaderno de bitácora de la traducción, indicando en la carta canales y escolleras, naufragios y balizas, faros y bahías y bajofondos.
Si una parte de la vida mora en las palabras, traducir es proyectar la vida de unas palabras en otro tiempo, en otro paisaje, en otras palabras. Sucede que eso que está en las palabras, y sobre todo en la palabra poética, se refugia en un puerto tan inaccesible como necesario. En la travesía de esa navegación, que tiene siempre el nombre de derrota, se juega un juego eterno que encuentra viento en la insatisfacción, en la carencia de puerto. “Más que capturar el objeto lo estamos perdiendo siempre, como a todo objeto que se ofrece a nuestro deseo”, dice Susana Romano en Consuelo de lenguaje. Deseo y pérdida, búsqueda y nostalgia: se llega a puerto, pero ya en el muelle el destino parece siempre diferente del buscado. Leo en el mismo libro: “La pena es no toda. Está el camino del deseo que se va poniendo en escena, a medida que buscamos el objeto perdido de antemano.”
lunes, octubre 09, 2006
la fecha
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. sábado, octubre 07, 2006
lunes, octubre 02, 2006
calle de la fantasma
No sé... pero será posible que sea la única calle que se llame así?, que no exista otra en ninguna parte con igual nombre?domingo, octubre 01, 2006
viernes, septiembre 29, 2006
a propósito
Todo cuanto el hombre expone o expresa es una nota al margen de un texto completamente apagado. Más o menos, por el sentido de la nota, extraemos el sentido que había de ser el del texto; pero queda siempre una duda, y son muchos los sentidos posibles. (Fernando Pessoa / Libro del desasosiego (Fragmento 148) / Traducción de Perfecto E. Cuadrado / Editorial El Acantilado.)
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Todo cuanto el hombre expone o expresa es una nota al margen de un texto borrado por completo. Con más o menos suerte, por el sentido de la nota, inferimos el sentido que podría ser el del texto; pero queda siempre una duda, y los sentidos posibles son muchos.
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miércoles, septiembre 27, 2006
fui
Nada me retuvo. Me liberé y fui.
Hacia placeres que estaban
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer.
.
Me desaté. Me abandoné del todo y fui.
Hacia los placeres, que medio reales,
medio imaginados en mi cerebro estaban,
fui a la noche iluminada.
Y bebí licores fuertes, como
los que beben los temerarios de la voluptuosidad
martes, septiembre 26, 2006
la buena educación
Gracias Chusbg.
lunes, septiembre 25, 2006
el proceso de sumar restando? o de restar sumando?
esta misma mañana
...no sé si el proceso de pintar este cuadro lo irá desvaneciendo..., si mi propósito, insistencia y resistencia me conducirá a la nada..., y lo digo porque al irle haciendo fotografías y ver los diferentes resultados de su andadura me ha venido a la memoria un recuerdo de mi infancia y es que una vez que le pedía dinero a mi padre para ir a comprarme alguna chucheria, le dije, papá, me das cinco pesetas?, y él me contestó: ¿¿¿Cuatro pesetas??? ¿¿y para qué quieres tres pesetas si con dos tienes bastante?? anda! toma una peseta y dale 2 reales a tu hermano.
(En la época de la que hablo una peseta todavía podía dividirse en reales y subdividirse en céntimos. En concreto, de una peseta podíamos sacar 100 céntimos en moneditas de 10 o de 5 céntimos o de 1 céntimo y creo que también de 0'5 céntimos; o 4 reales en monedas de real que eran de 25 céntimos cada una aunque también había una moneda con un agujero en el centro cuyo valor era de 50 céntimos, justo la mitad de una peseta: ésa era la moneda de los 2 reales a la que se refería mi padre)
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continuando con el palimpsesto...
lunes 25 (septiembre), por la tarde

Sí. Se trata del mismo lienzo. Ayer tomé la decisión de hacer como si volviera a comenzar el cuadro, aunque no es exacto decir "volver a comenzar" porque los tres estados anteriores han quedado ocultos bajo estas capas de color sucio y desde luego que no fue así como lo comencé al principio, pero yo ya me entiendo... Fue una decisión dura, me costó trabajo tomarla, intenté salvar lo que había conseguido, pues no me disgustaba el estado del cuadro en cuanto a la gama de color, pero una parte de la pintura, la parte de arriba, se me había ido estropeando al decidirse a funcionar matéricamente distinta al resto, de tal manera que aparecían una serie de manchitas a las que no encontraba manera de hacer desaparecer, y cada vez la cosa marchaba a peor, a cada intento de rescate aparecían más manchas, más pintura removida. No había escape... había que solucionar la base volviendo a empezar. Snif.
Ahora a esperar uno o dos días que seque lo necesario... y a seguir pintando.
continuando...
jueves 28, por la mañana
domingo 1 (octubre), por la mañana
lunes 2, por la tarde
-o-o-o-o-o-o-o-o-
y... domingo 15, por la tarde
Pues sí, sí sí, así es la vida...
Se continuará






