
sábado, marzo 03, 2007
sábado, febrero 24, 2007
un no sé qué de sueño
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Existen sensaciones que son sueños, que ocupan como una niebla toda la extensión del espíritu, que no dejan pensar, que no dejan actuar, que no dejan claramente ser. Como si no hubiéramos dormido, sobrevive en nosotros un no sé qué de sueño, y hay un torpor del sol del día calentando la superficie estancada de los sentidos. Es una borrachera de no ser nada, y la voluntad es un balde vaciado en el jardín por un movimiento indolente del pie al pasar.
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Fernando Pessoa / Libro del desasosiego.
Traducción de Perfecto E. Cuadrado.
martes, febrero 20, 2007
poniendo un meme en mi vida

Bueno, bueno… ya veis, aquí me tenéis con un meme, el primero de mi vida, y porque me lo ha pasado Chusbg, que si no a buena hora… pero tratándose de él… me he dicho, venga, padelante con ese meme. Y esto ha salido.
Ahora bien, yo no se lo pasaré a nadie, que soy muy vergonzosilla para estas cosas, pero el que quiera que se lo coja y que haga con el meme lo que guste. Empecemos:
1. ¿Por qué comenzaste a escribir un blog?
Pues así de repente me invitaron a participar en un blog a dúo. Hace menos de dos años. Yo no tenía ni idea, nunca había visitado ninguno, el único que me sonaba de oídas era el de Arcadi Espada. Una buena mañana me encontré con este regalo: un blog abierto, la clave y contraseña para entrar, las indicaciones de manejo más primarias y la invitación a escribir lo que quisiera. La idea fue de una persona que había conocido en un foro sobre arte y con la cual había cruzado unos cuantos mailes. Recuerdo que fue en Blogia, y que su título, si la memoria no me falla, era “Watson antes que Holmes”, con un subtítulo que decía “tanto monta monta tanto Holmes como Watson”. O algo muy parecido a eso. Acordamos en que yo sería Watson y que ella sería Holmes. Nos duró exactamente tres meses, pues diversas circunstancias adversas nos impidieron llegar más lejos, y al cabo de ese tiempo decidimos de mutuo acuerdo eliminar el blog. Esa fue mi primera experiencia con un blog.
1. ¿Por qué comenzaste a escribir un blog?
Pues así de repente me invitaron a participar en un blog a dúo. Hace menos de dos años. Yo no tenía ni idea, nunca había visitado ninguno, el único que me sonaba de oídas era el de Arcadi Espada. Una buena mañana me encontré con este regalo: un blog abierto, la clave y contraseña para entrar, las indicaciones de manejo más primarias y la invitación a escribir lo que quisiera. La idea fue de una persona que había conocido en un foro sobre arte y con la cual había cruzado unos cuantos mailes. Recuerdo que fue en Blogia, y que su título, si la memoria no me falla, era “Watson antes que Holmes”, con un subtítulo que decía “tanto monta monta tanto Holmes como Watson”. O algo muy parecido a eso. Acordamos en que yo sería Watson y que ella sería Holmes. Nos duró exactamente tres meses, pues diversas circunstancias adversas nos impidieron llegar más lejos, y al cabo de ese tiempo decidimos de mutuo acuerdo eliminar el blog. Esa fue mi primera experiencia con un blog.
Luego abrí el mío, éste en el que escribo, "...y viceversa", porque el gusanillo se me había quedado dentro, y porque por razones de salud necesitaba distraerme, y lo que hacía era leer, y de ahí a pensar en subir los textos que me gustaban no hubo nada más que probar a abrir un nuevo blog, y guardarlos, conservarlos allí. Además, de paso, fui aprendiendo el funcionamiento, subir imágenes, vincular páginas… me estimulaba mucho la novedad de aprender a usar esta herramienta.
2. ¿Sobre qué temas escribes? ¿Por qué?
Cuando empecé, mi idea era la de subir textos, pequeños textos, extraídos de libros, novelas o poesía, y juntarlos en el blog. Textos que me hubieran gustado especialmente. Por qué? Pues por el placer de hacerlo.
Cuando empecé, mi idea era la de subir textos, pequeños textos, extraídos de libros, novelas o poesía, y juntarlos en el blog. Textos que me hubieran gustado especialmente. Por qué? Pues por el placer de hacerlo.
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3. Si la gente dejara de leerte y comentar, seguirías escribiendo?
Supongo que sí. Este meme me pilla en un momento en el que no tengo actividad en mi blog, pues lo he ido poco a poco dejando de lado, pero en mi caso, y aunque las personas que han comentado han sido todas sin excepción excelentes, yo me he ido sintiendo con el tiempo como menos libre, como más cohibida, y quizá el hecho de tener lectores, o de saber que los tienes, me ha influido en los derroteros que he ido tomando. Pero bueno, ese es mi problema.
4. ¿Crees que al escribir un blog debe seguirse algún tipo de ética?
Una ética personal, por supuesto. El mismo tipo de ética que uno tiene en cualquier otra parte.
5. ¿Crees que formas parte de una comunidad? ¿Por qué?
Pues sí, sí tengo esa sensación, la de pertenecer a una comunidad de individuos que navegamos por este espacio de la red, en concreto de los blogs, sí. Pero matizo que me siento parte de esa comunidad como individua, como número entero, y no como célula o parte de un cuerpo mayor.
6. ¿Tienes algún grupo cercano de blogueros con el que te podrías poner de acuerdo para lograr algo?
Ponerme de acuerdo… eso no lo sé, pues los blogueros con los que he tenido contacto van a su aire, cosa que me parece estupenda, y hasta la fecha no se ha dado ocasión alguna ni por mi parte ni por la de ellos de ponernos de acuerdo para hacer algo en común. Pero no lo considero descartable.
Supongo que sí. Este meme me pilla en un momento en el que no tengo actividad en mi blog, pues lo he ido poco a poco dejando de lado, pero en mi caso, y aunque las personas que han comentado han sido todas sin excepción excelentes, yo me he ido sintiendo con el tiempo como menos libre, como más cohibida, y quizá el hecho de tener lectores, o de saber que los tienes, me ha influido en los derroteros que he ido tomando. Pero bueno, ese es mi problema.
4. ¿Crees que al escribir un blog debe seguirse algún tipo de ética?
Una ética personal, por supuesto. El mismo tipo de ética que uno tiene en cualquier otra parte.
5. ¿Crees que formas parte de una comunidad? ¿Por qué?
Pues sí, sí tengo esa sensación, la de pertenecer a una comunidad de individuos que navegamos por este espacio de la red, en concreto de los blogs, sí. Pero matizo que me siento parte de esa comunidad como individua, como número entero, y no como célula o parte de un cuerpo mayor.
6. ¿Tienes algún grupo cercano de blogueros con el que te podrías poner de acuerdo para lograr algo?
Ponerme de acuerdo… eso no lo sé, pues los blogueros con los que he tenido contacto van a su aire, cosa que me parece estupenda, y hasta la fecha no se ha dado ocasión alguna ni por mi parte ni por la de ellos de ponernos de acuerdo para hacer algo en común. Pero no lo considero descartable.
7. ¿Crees que los blogs van a cambiar/están cambiando algo en la sociedad/mundo político/etc.?
Sí, sí, yo creo que sí. Los blogs son un mundo enorme, están llenos de gente, de personas detrás de ellos, son individuos, y escriben y leen, conversan, se pasan información… y no sólo eso, también ríen, disfrutan, se hacen amigos… se establecen conexiones… hay mucho movimiento. Algo así ha de cambiar las maneras de los políticos para llegar a la gente, ya no es la televisión el medio-herramienta, cada vez hay menos gente parada frente a un televisor, y cada vez hay más gente activa y contactada a través de la red.
Sí, sí, yo creo que sí. Los blogs son un mundo enorme, están llenos de gente, de personas detrás de ellos, son individuos, y escriben y leen, conversan, se pasan información… y no sólo eso, también ríen, disfrutan, se hacen amigos… se establecen conexiones… hay mucho movimiento. Algo así ha de cambiar las maneras de los políticos para llegar a la gente, ya no es la televisión el medio-herramienta, cada vez hay menos gente parada frente a un televisor, y cada vez hay más gente activa y contactada a través de la red.
8. ¿Qué te gustaría poder hacer dentro de la red para profundizar lo que haces con el blog y por qué? ¿Podcast/videocast, comunidades, wikis, redes sociales,etc.?
De momento no me gustaría hacer nada más.
De momento no me gustaría hacer nada más.
Bueno, Chusbg, muchas gracias por tu invitación, al final, ya ves, a pesar de mis reticencias, hasta ha sido un placer. Un abrazo.
sábado, febrero 10, 2007
coleccionando principios

Coleccionando principios es un blog recién estrenado que navega viento en popa a toda vela. Aquí os dejo la invitación.
viernes, febrero 09, 2007
tinta fresca
Tinta fresca
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La guerra de Iraq se ha convertido en un tema académico. Se habla de ella con la falta de pasión con la que discutimos sobre la guerra del Peloponeso. Bush y los suyos no cometieron un acto criminal: se equivocaron. ¿Cuándo? In illo tempore. Podríamos decir que se trata de un clásico con víctimas actuales. Me he quedado sin tinta, dice el periodista objetivo a su ayudante. Y el ayudante abre un grifo, conectado directamente con Bagdad, del que sale la sangre en la que moja la punta de su pluma para continuar contándonos esa guerra como el que cuenta la de Troya, que nos cae bien porque, ya lo saben ustedes, se hizo por amor.
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A veces la sangre no sale del grifo suficientemente depurada y aparecen en ella pedazos de hígado, grumos de riñón, o trozos de cuero cabelludo que el periodista objetivo aparta con la punta de la pluma, como el que saca una mosca de la sopa, para poder continuar escribiendo su clásico, o comiéndose su sopa (boba, a todas luces). Mientras cientos de análisis objetivos llegan a las librerías o a las páginas de opinión de los periódicos, cien o doscientos cuerpos revientan diariamente en Iraq, lo que, lejos de actualizar el conflicto, lo hace más clásico, al tiempo de proporcionar más tinta a los escribas. Se trata de un caso único en la historia de la historia, incluso en la historia de la literatura, donde al hablar de clásicos vivos estamos haciendo una hipérbole consciente. Aznar, Bush y Blair son clásicos vivos de esa guerra. No se les procesa porque sería como procesar a Felipe II.
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No hay modo de explicar esta situación tan ventajosa para los agresores como cruel para sus víctimas. Imaginemos que usted es un atracador de bancos actual, aunque sus fechorías, por razones paranormales, son percibidas por el público como antiguas. Usted roba hoy, pero se analiza su caso como si lo hubiera llevado a cabo hace tres siglos. Algo así está ocurriendo con la guerra de Iraq. Sucede ahora, día a día, en este minuto. Antes de que haya puesto el punto final a este artículo habrán muerto 50 personas. Pero sus promotores se han fugado a la Edad Media, desde donde continúan insultando a la inteligencia.
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Juan José Millás / Artículo
miércoles, febrero 07, 2007
poesía: el mundo otro
La realidad sensible siempre ha sido para mí una fuente de sorpresas. También de evidencias. En un lejano artículo de 1940 aludí a la poesía como “el testimonio de los sentidos”. Testimonio verídico: sus imágenes son palpables, visibles y audibles. Cierto, la poesía está hecha de palabras enlazadas que despiden reflejos, visos y cambiantes: ¿lo que nos enseña son realidades o espejismos? Rimbaud dijo: Et j’ai vu quelquefois ce que l’homme a cru voir. Fusión de ver y creer. En la conjunción de estas dos palabras está el secreto de la poesía y el de sus testimonios: aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este, el mundo otro que es este mundo. Los sentidos, sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible. ¿No es esto, por lo demás, lo que ocurre en el sueño y en el encuentro erótico? Lo mismo al soñar que en el acoplamiento, abrazamos fantasmas. Nuestra pareja tiene cuerpo, rostro y nombre pero su realidad real, precisamente en el momento más intenso del abrazo, se dispersa en una cascada de sensaciones que, a su vez, se disipan. Hay una pregunta que se hacen todos los enamorados y en ella se condensa el misterio erótico: ¿quién eres? Pregunta sin respuesta… Los sentidos son y no son de este mundo. Por ellos, la poesía traza un puente entre el ver y el creer. Por ese puente la imaginación cobra cuerpo y los cuerpos se vuelven imágenes.
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Octavio Paz / La llama doble
sábado, febrero 03, 2007
EBRO/ORBE
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Ebro/Orbe. Un anacíclico, precisa el autor. El río contiene, además, el nombre de la península. Algo hay también, pues, de sinécdoque, de atajo para hablar de España, razón y emoción asediada que ha dejado de ser –se duele el escritor- una trama de afectos. Literatura, política, geografía y biografía se reúnen en este libro que da cuenta de un largo viaje. "De la alta gruta donde se desata / hasta los jaspes líquidos, adonde / su orgullo pierde y su memoria esconde", leemos en las Soledades de Góngora. Como el peregrino del poema, naufragante y desterrado, el viajero ha recorrido el Ebro, el que documentan la historia y la cartografía, pero también el río oculto, enterrado, la tubería lo ha llamado. "A mí no me cabe la menor duda –escribió Juan Benet- de que un día –de imposible fijación en el calendario- los españoles celebrarán la noche de fin de año con uvas recogidas en Almería regadas con agua del noreste". Está por ver que se cumpla el vaticinio que el ingeniero y escritor hiciera en 1981. La regulación de las cuencas hidráulicas sigue siendo motivo de solicitud y diferencias. Richard Ford, fino observador que nos visitó mediado el siglo XIX, apuntó –al hablar de Valencia y Murcia- que palabras como rival o rivalidad tienen que ver con el agua, proceden de rivalis, ribereño de un arroyo respecto del propietario del otro lado. En esas seguimos, con las espadas en alto.
De la alta gruta al jaspe líquido ya teníamos noticia. A lo largo del mes de agosto de 2001 Arcadi Espada publicó en el diario El País su viaje río arriba, entre el delta catalán y el nacimiento cántabro. En el cuaderno de ruta quedó aplazada la continuación, el controvertido proyecto de trasvase del Ebro hasta las ocres tierras del sur. Algún anuncio había en aquellas primeras entregas. Uno referido a Benidorm, esa exitosa ciudad tan parecida a una Coca-Cola de litro, apta para toda edad, útil las veinticuatro horas, y que mezcla bien con cualquier brebaje, al decir de José Manuel Iribas, uno de sus más inteligentes defensores. Ahora, el empeño del joven editor José María Albert ha hecho posible que el autor volviera a la carretera. Como un juego de espejos, 31 entregas dan noticia de este nuevo itinerario que doblando la esquina en el delta, desciende por la costa hasta una Almería vista a lo lejos.
El relato tiene un eficaz contrapunto en las fotografías –otra vez la armonía del 31- de Juan Peiró. Entre el ruido y la furia del texto, el cuaderno de imágenes hace las veces de un chill out que sosiega el ánimo y ayuda a ver y también a leer. Con la Silvestre de 6 x 9, una cámara de manejo entretenido y lento, ha recorrido el camino atento a los paisajes donde naturaleza y artificio conviven. Como quiere Julien Gracq que veamos las ciudades, Peiró evita el registro de lo que pueda ser emblema de un lugar ya que propicia una percepción vicaria y perezosa. El fotógrafo es un artista y por tanto tiene manías, como debe ser. Por alguna extraña razón, cuando ya está todo dispuesto para disparar, en el último momento desplaza levemente la cámara y toma la imagen de al lado. Recuerda aquella anécdota del rodaje de Nazarín que ha contado Carlos Fuentes. Estaban en Cuautla y Gabriel Figueroa preparó una escena emplazando la cámara con un maguey en primer término y el volcán Popocatépetl aureolado de nubes al fondo. Luis Buñuel miró el encuadre y se limitó a decir: "Muy bien. Ahora vamos a girar la cámara para fotografiar ese monte pelón con cuatro cabras y dos peñascos". Buñuel abominaba del paisaje edénico y del cielo algodonado. También el fotógrafo, que prefiere la luz cenital, una luz más fácil de conseguir en el mediterráneo, que favorece la indistinción entre cielos y edificios. Otra manía: su reconocida atracción por los lugares feos aunque casi nunca logra que sus fotografías lo sean. Las despobladas imágenes de Peiró provocan nuestra mirada, invitándonos a ver aquello que puede haber de propio en una escena común. Tan sólo una escena está animada. Un paseo de Benidorm. Los urbanistas han observado que los visitantes de la ciudad consumen mucho tiempo en deambular por sus calles.
Volvamos al relato. En algún momento, al dejar atrás Cantabria, el hilo de agua se convierte en un cauce bien adornado por puentes, aunque a fuerza de estar acaba por no verse, admite un propietario en La Rioja. El caudal crece en su curso medio, el de mayor longitud, y el río encuentra en Zaragoza la capital oficial. Ciudad un tanto indiferente en la que, a juicio de José Ramón Marcuello, todo se construye de espaldas al Ebro o bien para ocultarlo. Nadie nada ni navega y para ver pescadores hay que acercarse a Mequinenza, pantano colonizado por el reciente y monstruoso siluro. Aragón es motivo de vigorosas páginas como las dedicadas a Ramón Pignatelli, ilustrado promotor del canal Imperial –vestigio de la quimera de unir el cantábrico y el mediterráneo-, las que dan cuenta del óleo Los placeres del Ebro, de Francisco Marín Bagües, pintor raro, acreedor de una breve mención en el quién es quién de las vanguardias, o las que hablan de Fayón en la triste noche de noviembre de 1967, poco antes de que el pueblo quedara inundado.
Apenas puestos los pies en Cataluña, comienza la batalla del Ebro, otra tubería. La fotografía de la toma de Miravet era una de las pocas alegrías que guardaba el viajero, pero la imagen de los soldados avanzando por el río resulta una impostura de la propaganda republicana. Miravet –el pueblo más bello del Ebro, a juicio del escritor- alienta un momento lírico y camino0 del mar suena Ebro caudaloso, una canción de Schumann. Sant Carles de la Rápita, la bahía de Els Alfacs, la poderosa figura de Sebastián Juan Arbó. Elogio y elegía del delta. Movediza tierra de frontera cuya desaparición sería una pérdida ecológica y sobre todo moral.
Tras la desembocadura comienza -¡ay! El palíndromo- la ruta no natural. No tenemos mapa del grifo y la geología poco puede hacer. El itinerario ha debido trenzarse a golpe de recuerdos, encuentros y lecturas –una excelente, la de Kenneth Tynan sobre Valencia. También ha habido guías, como el geógrafo Joan Romero. La llegada a tierras valencianas es un tanto áspera. El sudoroso compendio hortera de Marina d’Or hace trizas el momento civilizado que alcanza a tener el final catalán, donde Tortosa adquiere calidad de provincia italiana. En Oropesa y Cabanes se levanta esa anunciada ciudad de vacaciones cuya existencia ha lamentado un notable patricio en los salones de la Sociedad Valenciana de Agricultura de Valencia. Realidad alicatada. Horror al vacío. Ruidoso estallido del pantone. La Comunidad valenciana. Aquí no se oye ningún lied. Estamos en algún garito de Castellón y se escucha manele, hip-hop rumano, popular y canalla. Más tarde, en Alicante, una botella de vino hará que suene Verdi.
Por lo demás, el viaje por Valencia está lleno de momentos felices. Donde menos se espera salta la joie de vivre. Un arroz con perlas de cereza, una pastelería de Elda, la risa revoltosa y turbadora de una funcionaria municipal en Carcaixent, o la urgida siesta que un labrador fauno solicita de un adolescente que hace auto-stop a orillas del Júcar. Esto último sucedió hace un tiempo. Ahora ya nadie viaja de ese modo y el labrador de hoy se refugiaría en el anonimato urbano de la sauna. El campo ha menguado a favor de la ciudad. La huerta que rodeaba Valencia ha desaparecido y los antiguos agricultores aguardan la visita del constructor. Las estadísticas hacen de Mislata, cercana a Valencia, la localidad más densamente poblada de España. Allí sigue viviendo el escultor Miquel Navarro cuya obra funde con sobria elegancia la memoria de la acequia y de la chimenea.
La felicidad y la ebriedad están también en las ideas. No hace falta compartirlas para reconocer su punzante oportunidad. La sorpresa de que Valencia no haya dado lugar a un gran libro sobre sus intensos días de capital de la República, acerca de aquel Levante feliz que mereció, entre otras, alguna crónica de Dorothy Fields en The New Yorker. El tono vehemente e intempestivo de la glosa de Nosaltres, els valencians, texto fundacional del nacionalismo. La sugerencia de levantar la condena vanguardista que sigue pesando sobre Joaquín Sorolla y Vicente Blasco Ibáñez, dos modernos, a juicio del autor. El alegre y rico Sorolla –autor del mejor retrato de Blasco- ha perdido frente al más escondido Ignacio Pinazo. En cuanto al escritor, Joan Oleza ya reclamó para él los honores literarios, aunque la desconfianza se mantiene. Se movió mucho –ha escrito Ramiro Reig- y eso no le dejó salir en la foto de los mejores de la clase, pero los lectores le siguen considerando uno de los suyos.
El viajero deja los libros y vuelve al camino. Más al sur, Benidorm es el concurrido dominio del ocupante ocasional, del inquilino. Un modelo antagónico al de Torrevieja, llena de malas calles y aburrida geografía del propietario. En ambos casos, metástasis del ladrillo y de la pluma reticulada que el viajero aplaude y que una noche le provoca la visión de que la masa total del Gran Alacant se desplaza como un iceberg camino del sol. ¿Qué es el paisaje mediterráneo para un electricista de Liverpool? El País valenciano va quedando atrás, el viaje se rinde por tierras de minería y cantes de frontera. La Unión, Cartagena, Murcia, donde Antonio Parra ejerce de autorizado baedeker. Será quien le sugiera el último tramo, la visita a Portmán.
Manual para viajeros, crónica de costumbres, apunte de crítica cultural, repertorio de términos de riego, ensayo histórico, galería de tipos, tratado político con ribetes arbitristas, guía de la buena mesa, debelador de los ídolos de la tribu, Ebro/Orbe es, además de todas esas cosas, un sagaz ejercicio de periodismo atento a los hechos y a las voces reales y diversas con las que el viajero tropieza. Mediado el camino el autor enumera las cosas que ha ido encontrando. Entre ellas no aparece la alegría, confiesa sorprendido. El libro no está exento de tristeza. La palabra melancolía salta a menudo en las páginas, aunque algo menos en las que tratan de Valencia, donde un zumo de naranja y dos tostadas servidas en una soleada terraza ayudan a combatirla. El relato concluye en una bahía estéril convertida en generoso basurero de residuos minerales. Allí dejamos al viajero, sobre la playa, fumando, quieto. Continuará.
De la alta gruta al jaspe líquido ya teníamos noticia. A lo largo del mes de agosto de 2001 Arcadi Espada publicó en el diario El País su viaje río arriba, entre el delta catalán y el nacimiento cántabro. En el cuaderno de ruta quedó aplazada la continuación, el controvertido proyecto de trasvase del Ebro hasta las ocres tierras del sur. Algún anuncio había en aquellas primeras entregas. Uno referido a Benidorm, esa exitosa ciudad tan parecida a una Coca-Cola de litro, apta para toda edad, útil las veinticuatro horas, y que mezcla bien con cualquier brebaje, al decir de José Manuel Iribas, uno de sus más inteligentes defensores. Ahora, el empeño del joven editor José María Albert ha hecho posible que el autor volviera a la carretera. Como un juego de espejos, 31 entregas dan noticia de este nuevo itinerario que doblando la esquina en el delta, desciende por la costa hasta una Almería vista a lo lejos.
El relato tiene un eficaz contrapunto en las fotografías –otra vez la armonía del 31- de Juan Peiró. Entre el ruido y la furia del texto, el cuaderno de imágenes hace las veces de un chill out que sosiega el ánimo y ayuda a ver y también a leer. Con la Silvestre de 6 x 9, una cámara de manejo entretenido y lento, ha recorrido el camino atento a los paisajes donde naturaleza y artificio conviven. Como quiere Julien Gracq que veamos las ciudades, Peiró evita el registro de lo que pueda ser emblema de un lugar ya que propicia una percepción vicaria y perezosa. El fotógrafo es un artista y por tanto tiene manías, como debe ser. Por alguna extraña razón, cuando ya está todo dispuesto para disparar, en el último momento desplaza levemente la cámara y toma la imagen de al lado. Recuerda aquella anécdota del rodaje de Nazarín que ha contado Carlos Fuentes. Estaban en Cuautla y Gabriel Figueroa preparó una escena emplazando la cámara con un maguey en primer término y el volcán Popocatépetl aureolado de nubes al fondo. Luis Buñuel miró el encuadre y se limitó a decir: "Muy bien. Ahora vamos a girar la cámara para fotografiar ese monte pelón con cuatro cabras y dos peñascos". Buñuel abominaba del paisaje edénico y del cielo algodonado. También el fotógrafo, que prefiere la luz cenital, una luz más fácil de conseguir en el mediterráneo, que favorece la indistinción entre cielos y edificios. Otra manía: su reconocida atracción por los lugares feos aunque casi nunca logra que sus fotografías lo sean. Las despobladas imágenes de Peiró provocan nuestra mirada, invitándonos a ver aquello que puede haber de propio en una escena común. Tan sólo una escena está animada. Un paseo de Benidorm. Los urbanistas han observado que los visitantes de la ciudad consumen mucho tiempo en deambular por sus calles.
Volvamos al relato. En algún momento, al dejar atrás Cantabria, el hilo de agua se convierte en un cauce bien adornado por puentes, aunque a fuerza de estar acaba por no verse, admite un propietario en La Rioja. El caudal crece en su curso medio, el de mayor longitud, y el río encuentra en Zaragoza la capital oficial. Ciudad un tanto indiferente en la que, a juicio de José Ramón Marcuello, todo se construye de espaldas al Ebro o bien para ocultarlo. Nadie nada ni navega y para ver pescadores hay que acercarse a Mequinenza, pantano colonizado por el reciente y monstruoso siluro. Aragón es motivo de vigorosas páginas como las dedicadas a Ramón Pignatelli, ilustrado promotor del canal Imperial –vestigio de la quimera de unir el cantábrico y el mediterráneo-, las que dan cuenta del óleo Los placeres del Ebro, de Francisco Marín Bagües, pintor raro, acreedor de una breve mención en el quién es quién de las vanguardias, o las que hablan de Fayón en la triste noche de noviembre de 1967, poco antes de que el pueblo quedara inundado.
Apenas puestos los pies en Cataluña, comienza la batalla del Ebro, otra tubería. La fotografía de la toma de Miravet era una de las pocas alegrías que guardaba el viajero, pero la imagen de los soldados avanzando por el río resulta una impostura de la propaganda republicana. Miravet –el pueblo más bello del Ebro, a juicio del escritor- alienta un momento lírico y camino0 del mar suena Ebro caudaloso, una canción de Schumann. Sant Carles de la Rápita, la bahía de Els Alfacs, la poderosa figura de Sebastián Juan Arbó. Elogio y elegía del delta. Movediza tierra de frontera cuya desaparición sería una pérdida ecológica y sobre todo moral.
Tras la desembocadura comienza -¡ay! El palíndromo- la ruta no natural. No tenemos mapa del grifo y la geología poco puede hacer. El itinerario ha debido trenzarse a golpe de recuerdos, encuentros y lecturas –una excelente, la de Kenneth Tynan sobre Valencia. También ha habido guías, como el geógrafo Joan Romero. La llegada a tierras valencianas es un tanto áspera. El sudoroso compendio hortera de Marina d’Or hace trizas el momento civilizado que alcanza a tener el final catalán, donde Tortosa adquiere calidad de provincia italiana. En Oropesa y Cabanes se levanta esa anunciada ciudad de vacaciones cuya existencia ha lamentado un notable patricio en los salones de la Sociedad Valenciana de Agricultura de Valencia. Realidad alicatada. Horror al vacío. Ruidoso estallido del pantone. La Comunidad valenciana. Aquí no se oye ningún lied. Estamos en algún garito de Castellón y se escucha manele, hip-hop rumano, popular y canalla. Más tarde, en Alicante, una botella de vino hará que suene Verdi.
Por lo demás, el viaje por Valencia está lleno de momentos felices. Donde menos se espera salta la joie de vivre. Un arroz con perlas de cereza, una pastelería de Elda, la risa revoltosa y turbadora de una funcionaria municipal en Carcaixent, o la urgida siesta que un labrador fauno solicita de un adolescente que hace auto-stop a orillas del Júcar. Esto último sucedió hace un tiempo. Ahora ya nadie viaja de ese modo y el labrador de hoy se refugiaría en el anonimato urbano de la sauna. El campo ha menguado a favor de la ciudad. La huerta que rodeaba Valencia ha desaparecido y los antiguos agricultores aguardan la visita del constructor. Las estadísticas hacen de Mislata, cercana a Valencia, la localidad más densamente poblada de España. Allí sigue viviendo el escultor Miquel Navarro cuya obra funde con sobria elegancia la memoria de la acequia y de la chimenea.
La felicidad y la ebriedad están también en las ideas. No hace falta compartirlas para reconocer su punzante oportunidad. La sorpresa de que Valencia no haya dado lugar a un gran libro sobre sus intensos días de capital de la República, acerca de aquel Levante feliz que mereció, entre otras, alguna crónica de Dorothy Fields en The New Yorker. El tono vehemente e intempestivo de la glosa de Nosaltres, els valencians, texto fundacional del nacionalismo. La sugerencia de levantar la condena vanguardista que sigue pesando sobre Joaquín Sorolla y Vicente Blasco Ibáñez, dos modernos, a juicio del autor. El alegre y rico Sorolla –autor del mejor retrato de Blasco- ha perdido frente al más escondido Ignacio Pinazo. En cuanto al escritor, Joan Oleza ya reclamó para él los honores literarios, aunque la desconfianza se mantiene. Se movió mucho –ha escrito Ramiro Reig- y eso no le dejó salir en la foto de los mejores de la clase, pero los lectores le siguen considerando uno de los suyos.
El viajero deja los libros y vuelve al camino. Más al sur, Benidorm es el concurrido dominio del ocupante ocasional, del inquilino. Un modelo antagónico al de Torrevieja, llena de malas calles y aburrida geografía del propietario. En ambos casos, metástasis del ladrillo y de la pluma reticulada que el viajero aplaude y que una noche le provoca la visión de que la masa total del Gran Alacant se desplaza como un iceberg camino del sol. ¿Qué es el paisaje mediterráneo para un electricista de Liverpool? El País valenciano va quedando atrás, el viaje se rinde por tierras de minería y cantes de frontera. La Unión, Cartagena, Murcia, donde Antonio Parra ejerce de autorizado baedeker. Será quien le sugiera el último tramo, la visita a Portmán.
Manual para viajeros, crónica de costumbres, apunte de crítica cultural, repertorio de términos de riego, ensayo histórico, galería de tipos, tratado político con ribetes arbitristas, guía de la buena mesa, debelador de los ídolos de la tribu, Ebro/Orbe es, además de todas esas cosas, un sagaz ejercicio de periodismo atento a los hechos y a las voces reales y diversas con las que el viajero tropieza. Mediado el camino el autor enumera las cosas que ha ido encontrando. Entre ellas no aparece la alegría, confiesa sorprendido. El libro no está exento de tristeza. La palabra melancolía salta a menudo en las páginas, aunque algo menos en las que tratan de Valencia, donde un zumo de naranja y dos tostadas servidas en una soleada terraza ayudan a combatirla. El relato concluye en una bahía estéril convertida en generoso basurero de residuos minerales. Allí dejamos al viajero, sobre la playa, fumando, quieto. Continuará.
Salvador Albiñana / Prólogo de EBRO/ORBE.
domingo, enero 28, 2007
canción

Cada cuerpo con su deseo
y el mar al frente.
Cada lecho con su naufragio
y los barcos al horizonte.
Estoy cantando la vieja canción
que no tiene palabras.
Cada cuerpo junto a otro cuerpo,
cada espejo temblando en la sombra
y las nubes errantes.
Estoy tocando la antigua guitarra
con que los amantes se duermen.
Cada ventana en sus helechos,
cada cuerpo desnudo en su noche
y el mar al fondo, inalcanzable.
Eugenio Montejo
y el mar al frente.
Cada lecho con su naufragio
y los barcos al horizonte.
Estoy cantando la vieja canción
que no tiene palabras.
Cada cuerpo junto a otro cuerpo,
cada espejo temblando en la sombra
y las nubes errantes.
Estoy tocando la antigua guitarra
con que los amantes se duermen.
Cada ventana en sus helechos,
cada cuerpo desnudo en su noche
y el mar al fondo, inalcanzable.
Eugenio Montejo
sábado, enero 27, 2007
pájaros
Oigo los pájaros afuera,
otros, no los de ayer que ya perdimos,
los nuevos silbos inocentes.
Y no sé si son pájaros,
si alguien que ya no soy los sigue oyendo
a media vida bajo el sol de la tierra.
Quizás es el deseo de retener su voz salvaje
en la mitad de la estación
antes que de los árboles se alejen.
Alguien que he sido o soy, no sé,
oye o recuerda,
si hay algo real dentro de mí son ellos,
más que yo mismo, más que el sol afuera,
si es musical la fuerza que hace girar el mundo,
no ha habido nunca sino pájaros,
el canto de los pájaros
que nos trae y nos lleva.
Eugenio Montejo
otros, no los de ayer que ya perdimos,
los nuevos silbos inocentes.
Y no sé si son pájaros,
si alguien que ya no soy los sigue oyendo
a media vida bajo el sol de la tierra.
Quizás es el deseo de retener su voz salvaje
en la mitad de la estación
antes que de los árboles se alejen.
Alguien que he sido o soy, no sé,
oye o recuerda,
si hay algo real dentro de mí son ellos,
más que yo mismo, más que el sol afuera,
si es musical la fuerza que hace girar el mundo,
no ha habido nunca sino pájaros,
el canto de los pájaros
que nos trae y nos lleva.
Eugenio Montejo
domingo, diciembre 31, 2006
bienvenido 2007

He estado mirando esta viñeta de El Roto que aparece hoy en el diario El País. Primero me ha gustado la escena que como todas las de El Roto, es rotunda: ahí está el reloj, el tiempo corriendo veloz, rodando, cuesta abajo, tras el hombre que delante suyo corre a grandes zancadas tratando de quedar fuera de su alcance. (Ah, la viñeta la he girado, no le he pedido permiso a El Roto, pero espero que no se enfade si llega a verlo, que no creo, pero por si acaso, vayan mis excusas por adelantado. La he girado para que el tiempo vaya cuesta arriba y no cuesta abajo y le cueste mucho más esfuerzo alcanzarnos, je, je, una travesurilla... pero a que ahora lo tiene más difícil?)
Acto seguido me ha gustado el título por la razón añadida de que me ha recordado a una amiga, a la que al principio conocí con el nick de Tempus Fugit, la primera persona que conocí al poco tiempo de abrir el blog, la primera en comentar, la primera en enlazar, la primera en echarme una mano, en ayudarme, y también en aguantarme, en fin... Tempus es mucha Tempus (Tempus? estás por ahí? ... no se oye nada... estará estudiando...) luego, cuando fui aprendiendo a andar sola por estos lugares siderales, fui conociendo a más personas, y si la memoria no me falla el siguiente a quien conocí fue El foliot rojo, un chico inteligente, amable, dulce, divertido... y serio, que escribía y escribe verdaderamente bien, y al que tomé cariño inmediatamente.
También fui aprendiendo a pedir favores, y si no que se lo pregunten a Autómata 34... la de faena que le he dado... jajaja, y Autómata siempre perfecto para dar una respuesta y las que hagan falta con una risa o una carcajada, y un beso o mil besos, sencillo y amistoso, bueno, trabajador, entrañable, y al que deseo muchísima suerte en especial en este momento a punto de estrenarse en su ansiado papel de padre. O también a El Lehendakari, pero ojo! que los favores que le he pedido eran completamente confesables, nada que no se pueda contar, eh, y él igualmente servicial, simpático y cachondo, dentro de un orden, jajaja, divertido y encantador.
Y conocí a Mármara, que me ofreció su amistad y apoyo con naturalidad, me ayudó a entender cuestiones que desconocía y siempre ha estado ahí dispuesta a escucharme en todo lo que me hiciese falta. A Ana C., ufff, Ana, ella es una sirena, una cuentacuentos con una imaginación originalísima, y una gran amiga a la que también agradezco el apoyo y los ánimos que siempre me ha dispensado. A Luis Rivera agradecerle sus atenciones, sus visitas, sus comentarios... y sobre todo su confianza. A Chusbg... un afable visitante que llegó un buen día y que siempre está atento y amable. A Juanma Sincriterio, que es todo bondad, además de un estupendo lector y redactor. A Marcela, simpática y divertida y también una estupenda escritora de relato corto, cortísimo, cosa difícil donde la haya.
Yo no sé... no sé si me va a dar tiempo de escribir este post para antes de que termine el año, el tiempo aprieta... y son tantas cosas y tantas personas las que han conformado mi andar por este espacio... seguro que olvidaré a muchas... Yo, La Peor de Todas... Jody Dito... Detrás del reflejo...
Me alegro mucho de haberos conocido a todos. Quiero desearos un estupendo año, lo mejor de lo mejor para el nuevo año, que todo os vaya lo mejor posible. Que tengáis un feliz año 2007.
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UN ABRAZO MUY FUERTE A TODOS
jueves, diciembre 21, 2006
nos vemos luego
Al llegar estas fiestas, y cuando muchos se toman unas vacaciones, una servidora se encuentra con el trabajo y quehaceres elevados al cuadrado. Y es por eso que de lo único que voy a poder tomarme vacaciones (forzosas en este caso) va a ser de estar por aquí, por este sitio llamado blog, por esta salita de estar a la que se le coge cariño y apego, este lugarcillo tranquilo y quieto.
Volveré, espero, una vez pasadas las fiestas, o quizá antes, o quizá tiempo después, porque es que una no sabe ni tampoco quiere saber. Lo mejor será dejarlo como siempre en manos del azar.
Así las cosas, que haya mucha suerte y que esté bien repartida, y sobre todo lo más importante: SALUD.
viernes, diciembre 15, 2006
joven... y audaz
No sé cómo estará el vino pues no lo he probado todavía. Lo que me pregunto es cómo se puede pasar de largo ante una etiqueta que dice lo siguiente, de esta manera:
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De elegante color cardenalicio,
con unos audaces colores azules que destacan entre los morados;
de aroma limpio, intenso, franco, orgullosamente lozano y frutal,
intensas expresiones aromáticas
a partir de frutos silvestres como frambuesa y mora.
En boca bien estructurado, excelente carnosidad, equilibrio de sabores
y un final de aromas frutosos.
En la retronasal es un concierto de aromas primarios
entre los que destacan los frutos del bosque.
Suave, aunque vivo.
.Qué me decís ahora? se puede pasar de largo inmune a esas palabras? no están acaso escritas para llegar directo a los cinco sentidos?
Mañana informo oportuna y puntualmente de si se trata de un buen vino o únicamente de una buena etiqueta, o si se tratará felizmente de las dos cosas: es lo que yo espero. Y... la marca me la reservo, de momento, pues me ha dado por hacerme la misteriosa, jaja, pero se trata de un Ribera del Duero, joven, cosecha 2005. Un cosecha joven... y audaz.
!Salud, amigos!
domingo, diciembre 10, 2006
viernes, diciembre 08, 2006
10101, el visitante capicúa
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miércoles, diciembre 06, 2006
saudade

No me gusta este mes, nunca, no me gustan ningún mes de diciembre que yo recuerde desde que dejé atrás la infancia. El último recuerdo bueno es del año 64, noche vieja del 64, y si digo el año con tanta exactitud es porque esa noche me recuerdo con la oreja pegada a la radio escuchando un estribillo recalcitrante que repetía con empeño una frase que nunca se me ha olvidado, era una frase cantada, que decía "... (tachín tachín) el año sesenta y cuatro es el que se va, es el que se va... (tachín tachín) el año sesenta y cinco es el que vendrá, es el que vendrá..." y así una vez y otra vez y otra vez... y yo me sentía contenta, bien, feliz. Lo recuerdo ahora y caigo en la cuenta de que es lo mismo que un anuncio publicitario en la actualidad. ¿Qué se anunciaba la noche última del año 1964? pues se anunciaba el año 1965, el año que estaba a punto de entrar, ni más ni menos, sin ir más lejos; con total simplicidad el año que se iba anunciaba al año que venía. Lo recuerdo y me parece tan sencillo, tan simple, que no entiendo por qué razón no lo he olvidado.
martes, noviembre 28, 2006
"vápara" Gonçalo Afonso Dias



Ayer recibí un comentario escrito en lengua portuguesa que no entendí.
Decía lo siguiente:
Olá!
Peço desculpa mas os autores não são os irmãoa Aires Mateus. Sou eu e chamo-me Gonçalo Afonso Dias.
e-mail: goncaload@sapo.pt
Um abraço e obrigado pelos comentários!
27 noviembre, 2006 12:49
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27 noviembre, 2006 12:49
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No sabía si prestarle atención o no porque era un comentario reciente pero escrito en un post del pasado mes de junio (relacionado con una petición de ayuda que había solicitado unos días antes) y porque lo interpreté a primera vista como una anécdota. A pesar de todo no perdí ocasión de preguntar a amigos y conocidos, medio en broma medio en serio, si sabían qué decía el curioso mensajito. Y unos y otros lo hemos venido traduciendo mal porque en todos los casos interpretábamos que se trataba de una persona cuyo nombre era idéntico al del edificio en cuestión y que dejaba sus señas para demostrarlo.
Pero... hummm... había algo que me tenía con la mosca detrás de la oreja, algo que parecía estar diciendo que no, que no era eso. Y no era eso.
Ya sé, ya, ya... que ahora todos me vais a decir que estaba claro como el agua, incluso yo misma ahora lo leo y me salta a los ojos, pero ayer algo me impedía verlo así, quizá los prejuicios, las ideas preconcebidas, la manía de leer obtusamente y obstinadamente pensar que lo que pone es lo que creemos que debería poner.
Debiera haber empezado preguntándole a mi marido, porque ha sido leerlo él y traducirlo como el agua. Resumiendo: que lo que dice el escueto comentario es que el autor del edificio es él, él mismo, Gonçalo Afonso Dias, y no los hermanos Aires Mateus.
Vaya! me digo, y ahora qué le digo? qué hago? Y en esas que me encontraba pensando que qué podría hacer yo ahora... ha llegado la respuesta. Por mail. Como casi todo lo que llega. O como casi lo único que llega. Y en efecto, he recibido un mail del propio autor en el cual, y traducida al castellano, me da esa explicación con la mejor disposición del mundo, sin enfadarse, sin exigirme que rectifique, sin pedirme absolutamente nada. Y encima me da las gracias. Actitudes así no se encuentran todos los días, ni muchísimo menos. De modo que no sólo he pensado en que mi deber es rectificar y pedir disculpas, también me he sentido super favorecida por la suerte de que haya sido el propio autor del edificio el que haya terminado diciéndome de quién era la autoría del edificio y dónde se encuentra. O sea, que lo otro que he pensado ha sido que esto es !!maravilloso!!
Y para quien se sienta interesado por el trabajo de este arquitecto le apunto en avanzadilla que en el próximo número de la revista Arquitectura Viva, podrá disfrutar de este proyecto de las residencias de estudiantes del Campus de Coimbra del que hablamos (se puede ver aquí), y de este otro del Novo Teatro Municipal De Almada. Por descontado que yo, lo que se dice yo, no me lo pienso perder.
miércoles, noviembre 22, 2006
viernes, noviembre 17, 2006
esta vez "vápara" mí

No es Félix de Azúa santo de mi devoción, sólo le he leído un par o tres de libros, que me gustaron, sí, me gustaron cuando los leí la primera vez, y no me gustaron cuando años más tarde volví a ellos. El retorno, animado por el deseo de releer algo de lo que había disfrutado, sirvió para quedarme sorprendida pensando y preguntándome por qué me habían gustado y por qué guardaba un recuerdo de ellos que no se correspondía con la impresión que ahora me daban. Los libros eran Diccionario de las artes, Historia de un idiota contada por él mismo y Salidas de tono. En fin... no voy a tratar de descubrir el misterio, ni entonces ni ahora. Lo saco a cuento de que en los últimos tiempos personas cercanas a mí le leen en su blog y me comentan lo mucho que les gusta Azúa. Sin ir más lejos, ayer mismo, me dicen que qué bueno lo último de Azúa, ese artículo de Un artista de la brocha. Precisamente lo había leído esa misma mañana de ayer, y no había yo notado nada especial. Nada, pero nada de nada. Así que me dije que lo volvería a leer de nuevo para ver si encontraba lo "bueno" que se me había escapado o desapercibido. Lo hice. Lo volví a leer a ritmo de cámara lenta, yo soy un poco así, hago ese tipo de tonterías, eso de decirme que si lo leo despacio... despacio... despacio... no se me escapará nada. Pues nada. Lo mismo. No encontré de qué sentir que aquello era muy bueno. Y ya voy directa a lo que voy: que hoy, albricias, es que la vida es así, hoy me he leído el artículo de Azúa, el de hoy día 17 de noviembre, que se titula La paloma de Kant, y... me ha encantado, que todavía no seducido, pero como algo es algo pues lo digo presta.
Extraigo del texto un párrafo que es como la "mousse" del artículo, la crema deliciosa.
"Kant decía que la paloma vuela gracias a que el aire le ofrece resistencia. En un mundo sin ese molesto viento que nos mete arenilla en los ojos, no podrían existir los aviones. Si nada se te opone, no eres nada. Nos construimos gracias a que algo se resiste a nuestra construcción. Y nuestra forma física e intelectual, la de cada uno de nosotros, es el resultado de ese enfrentamiento y de los millones de detalles, variantes y matices con los que tropezamos a lo largo de nuestra existencia. Por eso Hegel tituló el célebre capítulo de su Fenomenología que trata sobre la revolución francesa: “La libertad o el terror”. "
El texto completo se puede leer aquí: La paloma de Kant.
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